Pero qué raro nos ha salido este año. Un invierno horrible, de aburrirse viendo llover. Una primavera y un verano de mierda lloviendo hasta mediados de julio. Ahora en cambio no acaba de llegar el otoño. Otros años ponÃamos la calefacción sobre el diez de octubre. Estamos a mediados de noviembre y de momento los radiadores siguen ociosos. Es más, ayer andaba por fuera de casa a las cinco de la tarde en camiseta. El sábado nos acercamos a ver un hayedo y están los arbolitos aún verdes resplandecientes, para ver tonos amarillos, rojos y marrones tengo que irme al archivo fotográfico del año pasado.
La nieve por supuesto ni la hemos visto aún, ni se la espera en breve. Dicen que para esta semana empeora la cosa y bajarán las temperaturas. Pues no sé yo, como espere un poquito más acabará entrando directamente el invierno sin siquiera haberse asomado el otoño. Una pena porque hay que ver lo bonitos que están los paisajes antes de que llegue el mal tiempo de verdad.
La tarjeta viajera
Como desde el óbito de mi querido Ford Focus uno ha quedado reducido al nivel de peatón y me resisto duramente a abandonar tal condición tras comprobar el repunte de la economÃa familiar una vez eliminados gastos de gasoil, revisiones, cambios de aceite, reparaciones, seguro, impuestos, cambios de ruedas y no sé cuántas cosas más, para favorecer la movilidad personal he tenido que adentrarme en el proceloso mundo de los transportes públicos. Lo que más me interesa es poder acercarme al centro de Santander. Por donde yo vivo tan sólo pasa un autobús en esa dirección y a unos horarios un tanto desconcertantes. La estación de tren más cercana me queda relativamente lejos (cuarenta minutos andando). Una pena porque hay mayor frecuencia de viajes y me hacÃa ilusión eso de andar de acá para allá en el trenecito de Feve. Asà que todo es acostumbrarse, apuntarse a la moda del downshifting y a ir en el autobús se ha dicho. Aquà quede para la posteridad la imagen de los primeros billetes de ida y vuelta que pagué.
Investigando me enteré que te puedes comprar una tarjeta de transportes. Cuesta 1,50 euros, es anaranjada y la puedes recargar de euros para que los viajes te salgan más baratos.
Pensé que el asunto serÃa como una tarjeta-monedero como la que usaba con los autobuses vigueses. La recargas con el dinero que quieras y vas gastándolo según hagas viajes. Pues no, aquà la cosa se complica pero bien. Dentro de la tarjeta hay tres «monederos» independientes. Hay varios sistemas de transporte: los buses urbanos (TUS), los buses interurbanos, el tren FEVE, las barcas que cruzan la bahÃa (Pedreñeras) y los autobuses ALSA. Pues bien, puedes recargar los tres monederos de tu tarjeta con pasta para tres de estas cinco opciones de transporte. Esos monederos son independientes, si te quedas sin saldo en el de una empresa ya puedes tener un millón de euros en el de otra que no te sirve para nada. Si quieres usar un cuarto medio de transporte, pues mira, o te compras otra tarjeta y la recargas o te jodes… En el folleto de la tarjeta lo explican bastante bien, y como sistema de pago me parece una forma bastante original de putear al usuario, claro que peor es nada…
Y para finalizar, en las estaciones de autobuses hay maquinitas donde acercas tu tarjeta y te dice no sólo el saldo sino los movimientos habidos y por haber. Manda caray, qué bien organizadito, lástima de la tonterÃas eso de los tres monederos sino serÃa perfecto.
Campo de alto standing
Caray, menudo nivel Maribel… no sólo puede uno encontrar por aquà campos con ascensor, que también los hay con frigorÃfico supongo que para que lo plantado se conserve mejor.
Otra opción es que allà guarde el paisano del campo sus cervecitas, por si le entra sed mientras está dándole al azadón. Claro que tal y cómo están poniéndose las cosas por todos lados no sé yo si será muy buena idea o si las cervezas «volarÃan» solas. Mas bien lo segundo ¿no?
PodÃa haberme acercado y abrir la puerta con cuidadito para comprobarlo, pero mira, con la suerte que tengo últimamente lo mas seguro es que el frigorÃfico resultara ser la caseta donde el dueño del campo guarda un perro extremadamente feroz que le han regalado. Como si lo viera.
Por las marismas de Joyel (I)
Domingo de solete, domingo que nos apetecÃa irnos a la zona de Isla y Noja para caminar un rato por la playa respirando la brisa marina que sale del fondo del mar. A veces es olisquear un rayito de sol y parece como si la casa se nos cayera encima, salimos por patas en cualquier dirección para airearnos y asolearnos que ya habrá tiempo de quedarnos aquà metidos cuando empiecen a venir dÃas y más dÃas de lluvia, de momento parece que el buen tiempo va aguantando pero ni por un momento dudo que tarde o temprano aparecerán esas semanas pasadas por agua como en años anteriores, aunque este año Galicia nos lleva la delantera porque por allà han pasado ya varios temporales de lluvia y viento mientras que ahà tan sólo nos han rozado de refilón.
Pues bien, camino de Isla Ãbamos cuando por el reojo se me mete una construcción al fondo de una charca grande. Paro en un aparcamiento que veo habilitado para tal efecto y por una rendija entre la maleza aparece una especie de mirador desde donde el panorama promete. Edificio, charca, algas, vamos a verlo más de cerca.
La charca es una superficie de agua con algas, otras plantas e incluso bichos encima. Según dice un cartel allà plantado, se trata de las Marismas del Joyel. Espero que a los patos les guste bañarse aquÃ, a mi ni se me pasarÃa por la cabeza.
No por nada, sólo que las algas flotantes me dan cierto asquito y aquà abundan por todos lados, hay zonas donde cubren el agua de tal manera que ni se llega a ver.
A los bichos no parecÃa importarles mucho, andaba por allà una pequeña garza blanca toda feliz mojándose los pies.
De cuando en cuando echaba una carrerita y pegaba un picotazo al agua, supongo que verÃa algún pececito y se lo querÃa zampar. Una tapita de pescaditos, un martini a media mañana e integramos a la garza en la CofradÃa del Buen Vivir.
Esta es la construcción que se veÃa en la primera foto: el molino de Santa Olaja. Se puede apreciar que no somos los únicos en salir pitando de casa cuando aparece el sol. Por allà circulaban jóvenes, mayores, parejas, parejas con niños y carritos de bebé. Vamos, que sólo faltaba el carro de Manolo Escobar (dios lo tenga en su gloria) para tener la romerÃa completa.
El agua calmada como un plato, por eso se podÃa entretener uno con los reflejitos que salÃan perfectos. Lo que no sabÃa yo es que esta parte que se ve no es una marisma, no es mar, no es rÃo, es el depósito de agua para el molino, un molino de mareas que funcionaba gracias a la luna y el mar, pero la explicación del asunto se queda para otra entrada dentro de unos dÃas…
Hagan punterÃa, señores
Supongo que os habréis dado cuenta que últimamente me estoy saltando aquello de una entrada cada dÃa y salen tres cada dos dÃas o incluso alguna más. Esto suele pasar conforme se acerca final de año y hago recuento de las fotos que tengo pendientes de publicar. Concretamente, en lo que llevamos de 2013 he hecho unas veinte mil y tras mucho seleccionar, aún estarÃan pendientes de publicar unas mil. Eso hablando de este año, que del año pasado hay otras ochocientas a la cola y asà no las largo todas ni aunque viviera dos veces. A lo mejor pasando unas vacaciones en Fukushima consigo que me salgan otros cuatro brazos y tecleando duramente a seis manos podrÃa darse el milagro.
Estas son la cosas de andar zascandileando bastante más por el mundo adelante, y porque el destino se las apaña para poner cosas interesantes delante de mis ojos incluso cuando voy a mear. Véase el ejemplo, pasamos por Limpias a por un chocolate con churros y en el momento de visita al señor Roca… ¡Anda! ¡Un meadero de los del milenio anterior! Cuantos años hace que no veÃa uno de estos. ¿Y los azulejos? De la belle epoque por lo menos…
Cabárceno al fin
TenÃa claro que de este año no podÃa pasar y de este año no pasó, el jueves pasado aprovechando una predicción meteorológica tendente hacia el solete y buena temperatura allà me fui armado del arsenal fotográfico y con ganas de ver bichos. La grandÃsima ventaja de ir entre semana y en temporada baja es que tenÃa el parque entero a mi disposición, sin colas, sin prisas y sin un montón de personal dando la tabarra. Este es el aspecto que presentaba el aparcamiento de los osos, que en otras épocas se puede llenar.
Iba a ver animales y los vi, en abundancia y requeteabundancia. Tantos habÃa que salà saturado y eso que no llegue a verlos todos por lo enorme del parque. De cháchara con uno de los cuidadores me dijeron que son setecientas hectáreas, casi nada, el equivalente a setecientos campos de fútbol.
El único pero que les pondrÃa es que creo que tienen los animales mal distribuidos. Por ejemplo, ponen los elefantes con una especie de antÃlopes (o similares) y a los leones solos, cuando creo que el asunto ganarÃa en interés si mezcláramos leones con antÃlopes, tigres con gacelas, panteras con ciervos, etc. Vamos, más emoción, más carreras… si ya sé lo que estáis pensando, pero con conseguir un suministro sostenido de antÃlopes, gacelas y ciervos, asunto arreglado.
Por ilustrar un poco van unas fotos del bicherÃo variado que allà se puede contemplar. En un reptilario, abundantes ejemplares de serpiente entre las que destaca esta «Misuegra viperina».
Un Suricata de la famosa marca «Hakuna Matata». El bicho valÃa para vigÃa del Titanic, se pasaba el dÃa subido a lo alto girando la cabeza de noventa en noventa grados supongo que a la busca del cuidador con su plato de comida porque mucho depredador al acecho no creo que haya en los alrededores.
Y la estrella del parque, el rinocerontito nacido a mediados de septiembre.
La mar de simpático. SaltarÃn, juguetón, daban ganas de saltar la valla para jugar con él. El único problemilla son las dos toneladas de la madre que siempre le acompaña…
Los cuidadores estaban emocionados con la crÃa. Es un animal bastante difÃcil de reproducir en cautividad y no sólo se ha reproducido una vez, es la segunda en dieciséis años.
Por cierto, allà estaba yo con mi camarita de juguete, con mi objetivo pequeñito, con un monopie infantil cuando aparece un fotógrafo con una Nikon profesional y un objetivo creo que de 400 mm más largo que un lanzagranadas. Impotente me sentÃ, oiga. A ver si me toca la primitiva pronto y puedo comprarme un equipo decente porque episodios como éste le bajan muchos puntos a la credibilidad del blog.
Japi Bird Day
Once del once… once del once… ¿de qué me suena eso? Anda, ¡¡¡si estamos de aniversario!!! Hoy se cumplen dos años desde aquella primera entrada en la que volvÃa saludar y desvelaba el verdadero y secreto motivo del final de Galiciaenfotos. Dos años entretenido sacando fotos a punta pala como es costumbre, escribe que te escribe y dejando tonterÃas para la eternidad a base de unas novecientas veintitrés entradas publicadas hasta el dÃa de hoy. Dos años que se me han pasado volando como éste de abajo, a ver si los dos siguientes van un poquito más despacio, que me estreso…
De noche también es precioso
Bueno, realmente no sé si me gusta más de dÃa o de noche. A la luz del sol brilla que da gusto con esos tonos plateados tan tÃpicos del titanio, pero de noche el amarillo de las farolas lo transforma en una colección de tonos dorados que junto a los reflejos en el estanque lo hacen totalmente diferente. No sé, no sé, no sabrÃa yo con cuál quedarme.
Fachadas incrustadas
En Santoña hay un edificio que me llamaba mucho la atención. Está en la esquina del pueblo más pegada al Monte Buciero y me tenÃa pinta de algo oficial.
El aspecto es sobrio, como de instituto, y lo que más curioso me parecÃa era esa fachada similar a la de una ermita que está incrustada en la fachada principal del edificio.
Si ampliamos un poquito se verá mejor, asà que ampliamiento para que se distinga perfectamente la fachada en la fachada. El mástil con la banderita pone también bastante fácil lo de suponer que es algo oficial.
Echando una ojeada desde el mirador del Fuerte de San MartÃn se ve una pista de baloncesto con lo que tenÃa casi seguro que serÃa un instituto.
Me puse a buscar información sobre el edificio y sorpresa que me llevo, resulta ser el Patronato Militar Virgen del Puerto. Una mezcla de cuartel e instituto para hijos de militares que recientemente ha cumplido cincuenta años. Tiene su parte de historia negra porque los iluminados de ETA no tuvieron mejor idea que poner un coche bomba a la puerta una noche hace cinco años con el triste resultado de la muerte de un brigada.
Si queréis ver una descripción más completa del edificio por parte de una persona que estudió allÃ, en éste otro blog la tenéis.
Más historias de candados
Retomamos un clásico de este blog, las historias de los melÃfluos candaditos del amor, pero tratando de buscar una visión diferente a lo habitualmente pasteloso del tema. Hoy vamos a ver cómo es el asunto éste en lugares lejanos. En primer lugar, San Sebastián. En el paseo nuevo que bordea el Monte Urgull me sorprendió ver como basta dejar una argolla anclada en un muro para que enseguida se monte una orgÃa de candados, todos a mogollón unos encima de otros hasta que no quepan más.
Y no era sólo cosa de una argolla, todas las distribuidas a lo largo del muro estaban igual.
En un tramo de ese paseo han colocado una valla metálica con un curioso diseño de listones agujereados. No sé si ha sido adrede o inconscientemente, pero os podéis imaginar a qué conduce esto…
Pues si, es el camino más rápido a Candadolandia. Como se dice en Galicia, «era visto».
Nos cambiamos de paÃs, pasamos a Francia y concretamente a Biarritz. El puentecillo que lleva a la Roca de la Virgen también está lleno de candados y otras cosas. Vamos a por lo primero. Candados, pero de alto standing donde no van los nombres escritos con rotulador sino grabados, un nombre por cada cara. El primero que discurra cómo fabricarlos con forma de corazón se va a forrar, os lo aseguro.
No eran pocos los allà puestos, aquà va una foto aprovechando la puesta de sol para que veáis la densidad. Eso sÃ, se ve que a la gente lo de agacharse para colocarlos en la reja no les va mucho, cansarse gratis hay que reconocer que no nos gusta a nadie.
Pero lo verdaderamente asombroso de aquel lugar, además de las taimadas olas que saltan el muro para empapar desprevenidos turistas, es que la gente cuelga de todo. Aquà se puede ver una colección de gomas para el pelo atadas a la valla. Será cosa de la crisis, que no quedan fondos para comprar candados y hay que demostrar el amor con lo que se tiene más a mano.
De todas formas el oscar a la originalidad (o al cutrerÃo) se lo llevaba ésto. Una cremallera colgada de la valla. Es que sin palabras me quedo para describirlo…