Visto el puente de Portugalete por fuera, era obligado subir hasta lo más alto a pesar de estar en obras, lleno de andamios y protecciones supongo porque lo estaban pintando de granate.

En la tienda de recuerdos se compran los billetes para subir o cruzar en el ferry volador, subes en un ascensor y una vez arriba las vistas merecen la pena, como era de esperar. Aquí se ve la desembocadura de la ría.

Por otro lado la ciudad, que se ve bonita, cuidada, con sensación de ser ciudad “de pasta” y donde pude ver una curiosidad que hasta hoy no conocía, los pasos de cebra en diagonal.

29
dic 2011
