Nada como ir con información de primera para cubrirse de gloria en las excursiones dominicales. Vamos al Puerto de San Glorio y allà creo recordar que estaba la estatua de un oso. Por el camino vimos el famoso corzo pero el oso ni estaba ni se le esperaba. Como es costumbre, siempre fotografÃo los cartelotes asà me aclaro por donde andaba en esos momentos.

Aquà también habÃa un monolito indicador del puerto como los del puerto de El Escudo o el puerto de Palombera, con la diferencia que éste parece haber sido como mÃnimo atropellado por un camión.

Otra señal que me encantó fue la que se ve a la izquierda: “Señalización horizontal orientativa”. Maravilloso, magnÃfico, debe ser que las lÃneas contÃnuas aquà sólo cuentan como informativas y no prohibitivas. ¿Aceptará la Guardia Civil de Tráfico ésto como excusa en caso de que te pillen?

A todo esto, ¿porqué hablaba al principio de la información de primera? Porque en lo alto de San Glorio hay un cartel que señala una ruta hacia el “Mirador de Llesba”. Dos kilómetros, todo cuesta arriba. La parienta, que nones. Los chuchos, que nones. Pues vale, nos vamos de caminata por un prado justo enfrente para estirar las piernas antes de volvernos. ¿Adivináis dónde estaba el monumento al oso? Efectivamente, en el Collado de Llesba…
En el Puerto de San Glorio
Limón y vinagre
Cuando llega la temporada de fresas, la doña y yo nos ponemos morados porque nos gustan un montón. A cuenta de esta noticia me he enterado que hay quien toma fresas con limón. También sabÃa que se toman con champán, pero probablemente muy poca gente sepa que también se pueden tomar con vinagre y bien ricas están. Asà a bote pronto probablemente os suene una combinación algo extraña, pero probadlo y veréis qué vale la pena.
La preparación es simple. Paso 1, cortar las fresas en trocitos y echarlas en un bol.

Paso 2, echar azúcar en abundancia. Para medio kilo de fresas, cuatro cucharadas soperas si queréis que el resultado final sepa algo más ácido, ocho cucharadas soperas si lo preferÃs dulce.

Paso 3, un chorro abundante de vinagre a ser posible no del que se usa para limpiar suelos, mejor algo medianamente decente.

Y paso 4, esperar un dÃa. Yo dejo el bol en cualquier sitio con un film plástico (al que le hago unos cuántos cortes con un cuchillo) por encima para que no se acerque ninguna mosca. IncreÃblemente las fresas aparecen flotando en lÃquido, del bol a un cuenco y hala, a comer, que me lo merezco.

Sobre los duendes informáticos
Esto de los ordenadores a veces tiene sus cosillas, como por ejemplo que esta mañana entro en el blog desde un ordenador que no suelo usar y veo que está atascado en el dÃa quince, no se ha publicado ninguna de las entradas posteriores. Me voy al ordenador que uso habitualmente y sÃ, en él aparecen las entradas hasta el dÃa 19. Veo con el móvil y sólo hasta el dÃa quince. Ay qué leches… toqueteo en un lado, toqueteo en otro y milagrosamente parece que espabila y por fin aparecen todas las entradas en todos los equipos. No sé si lo habréis notado, pero bueno, si a alguien le pareció raro, si pensábais ya habÃa tirado la toalla o el esfuerzo del Faro del Caballo me habÃa dejado K.O. que no se asuste, ni lo uno, ni lo otro ni lo de más allá, la culpa fue del mecanismo que hace funcionar el blog. Se debió ir a la fiesta “senxual” de este pub, supongo que una mezcla de “sexual” y “sensual” y se le acabaron cruzando los cables como nos habrÃa pasado a cualquiera.

La odisea del Faro del Caballo (II)
Por fin, y tras el recorrido monte a través descrito en la primera parte, y desviarme a la derecha en un cruce no muy bien señalizado llegué por fin al inicio de una bajada hecha a base de escaleras.

El cartel ya lo avisaba, bajada peligrosa de 700 escalones. Setecientos. Muchos escalones. Pero muchos, muchos. En el cartel deberÃan recordar a la gente que aquellos que los bajen, luego los van a tener que subir de nuevo, que no es moco de pavo.

Primer tramo de la bajada. Un cable de acero enganchado a clavijas en la pared hace de pasamanos. Allà al fondo se ven dos personas paradas tomando aliento. Cuando me los crucé tenÃan cara como de muy cansados. Hay que ver cómo la naturaleza me mandaba claras señales sobre lo que me esperaba y cómo la curiosidad por ver el faro me hizo ignorarlas todas.

Esta es la continuación del tramo anterior. Entre el uno y el otro asà a ojo habrÃa unos ciento cincuenta escalones. O sea que tocarÃa hacer casi cinco tramos como éste. Escrito no parece ni la décima parte de horroroso que vivido, os lo garantizo.

Baja, baja, baja, sigue bajando, claro, bajar es la leche de fácil y casi ni te enteras, hasta llegar al último tramo que va hasta ese peñasco.

Y detrás del peñasco aparece el faro, el famoso faro del Caballo, noveno y último de mi lista. A pesar de estar donde está, visitantes habÃa unos cuántos.

Primer plano del faro, abandonado, casi en ruinas, sin cristales, sin linterna, sin puerta y con esa pintada en la entrada. De no ser por el entorno, aquà no vendrÃa ni el Tato.

Porque el entorno, ay madre, eso sà que era espectacular. Vista de los acantilados hacia el sur…

…y vista hacia el norte. Montañas que caen a plomo hacia el mar, cuevas entre las rocas, agua de color azul turquesa… de no ser por lo friolero que soy y por mis poco recomendables experiencias bañÃsticas en entornos hostiles, casi daban ganas de darse un chapuzón.

Continuará en la tercera y última parte, la del sufrimiento sin lÃmites. Próximamente en sus pantallas.
Esto ya funciona
Además de la mala baba habitual, uno tiene memoria de modo que cuando vuelvo a pasar por algún lugar donde he visto algo interesante, repito la inspección a ver si han habido modificaciones. ¿Recordáis aquel maravilloso foco visto en Potes? Pues bien, he de notificar y doy fe que a dÃa de hoy el asunto ha sido arreglado a plena satisfacción del cliente y el foco se halla presto y dispuesto, listo para encender con su bombilla colocada donde deberÃa estar.

Para que asà conste y surta los efectos oportunos ante quien corresponda, aquà mismo dejo la imagen atestiguadora. Dios guarde a V.V.I.I. bastantes años más de los que alumbrará ese foco.
Milagro, milagro
Milagro, milagro, increÃble, algo que ha bajado de precio. FÃjense ustedes. Puerta de entrada en la iglesia de la Vega del Pas. Dos cartelitos y una maquina de esas de echar moneditas.

Viendo los carteles más de cerca, aparece una pegatina de “50 ctms” parcheando el espacio destinado al precio por iluminar la iglesia parroquial para disfrutar de una visita sin la semipenumbra habitual.

Y si nos fijamos en la maquinita de cobrar, ¿cuánto habÃa que pagar antes por la iluminación? Cien pelas. ¿Cuanto hay que pagar ahora? El equivalente a 83,193 pesetas. Por eso lo de milagro, milagro, debe ser el único lugar del mundo donde no han aplicado la tasa de cambio 1 euro = 100 pesetas y que paguen los tontos de siempre.

Claro que a lo mejooooorrr… y digo sólo a lo mejooooorrr… aplicaron el cien pesetas igual a un euro y ante la bajada de recaudación han tenido que hacer la rebaja parcheadora, pero bueno, igualmente le damos el mérito de comprender que bajando el precio a veces se recauda más, algo que a muchos dirigentes y empresarios de este paÃs sigue sin entrarles en la cabeza.
Llanes de cine
Vueeeeeeeeelta a Llanes, que si me está dando para tantas entradas es una clara señal de todo lo que tiene que ver, razón de más para que os penséis ir a visitarla una dÃa. Por el pueblo tienen un recorrido llamado “Llanes de cine” que siguiéndolo se pueden ver veinticinco lugares que han servidor para el rodaje de diversas pelÃculas como “El Orfanato”, “Mi nombre es sombra”, “El portero”, “Historia de un beso”, “Remando al viento” y muchas más. Los lugares donde se han rodado escenas están señalados por sillones de director hechos de metal y pintados de negro.

Y como no podÃa ser de otra forma, que por algo las modas mandan, más de uno ha aprovechado el silloncito para dejar huella de su amor con forma de candado. Si es que son como una peste. De ser mala persona me compraba una cizalla y empezaba a impartir justicia divina entre los candados, se salvan porque con lo torpe que soy seguro que me acabarÃa cortando un dedo o algo peor.

Otra cosa en la que Llanes destaca es en la cantidad de casonas y semipalacetes que hay por todos lados. Tal y como llegábamos nos encontramos ésta que me pareció especialmente espectacular, tanto por la finca en la que está, como por la forma de la casa o por la luz que la iluminaba perfectamente en ese momento.

Aquà también se desarrollaron un par de rodajes, como atestigua el cartel colocado junto a la verja de la finca. La casa se llama “Palacio de Partarriu” y en ella filmaron “Mi nombre es sombra” y “El orfanato”

Si queréis visitarla o sacar fotos más cerquita… las ganas. Salvo que seáis una vaca, claro, que esas tienen bula…

El Balcón de la Cardosa
Si el corzo que puse anteayer es de los más fotografiados de Cantabria, éste lo será menos pero porque queda bastante más a desmano, no porque no lo merezca.

Concretamente está situado en el Balcón de la Cardosa, el mirador sobre el hayedo de Saja que viene siendo toda esa zona arbolada del fondo.

A pesar de haberme dicho que tenÃa que pasar por el hayedo un dÃa que estuviera lleno de nieve, pasó el invierno, pasó la nieve y mis intenciones se la llevó el viento. Un par de veces que me acerqué a Reinosa pensé desviarme hasta allà pero viendo unos veinte centÃmetros de nieve sobre la carretera en las primeras estribaciones del puerto de Palombera por el que hay que pasar sà o sÃ, decidà dejar la cosa para otro dÃa y hasta hoy.

Asà que nada, a conformarme con las montañitas otra vez coloridas, sin pizca de blanco y esperaremos al siguiente invierno para ver si juntamos ganas y por allà nos dejamos caer en medio de un temporal. Pero antes vamos a disfrutar el veranillo como está mandado, que hay muchas, muchas ganas.

La odisea del Faro del Caballo (I)
Vamos a ir empezando con la aventura que supuso llegar y, sobre todo, volver del Faro del Caballo en el monte Buciero de Santoña. Explicado en plan sencillo, esta ruta consiste en subir un tramo por el monte hasta llegar a unas escaleras que descienden hasta el faro. Asà escrito parece fácil, pero ya veréis cómo la cosa se complica un poco.
Por si acaso iba pertrechado con un par de mapas buscados por internet e impresos en un papelote. Este indica las cuatro rutas principales que hay en el monte. Durante la ruta, junto a las tÃpicas señales del senderismo (una lÃnea amarilla sobre otra blanca) hay unos puntos de color que indican la ruta por la que vas. En medio del bosque toda ayuda es bienvenida.

Este otro mapa es un poquito más detallado y muestra la ruta que me interesaba de una forma algo más detallada, con indicación de las alturas. Importante este asunto porque a pesar de ir a ver un faro casi a ras de agua, en realidad la ruta no hace más que subir y subir hasta el último tramo.

Y la subidita no es moco de pavo precisamente. Este suelo de pedruscos, multiplicado por kilómetros, me dejó las plantas de los pies hechas una piltrafa a pesar de ir con mis super botas de 15,95 euros.

Como ruta está bien el final, cuando se llega al faro. El resto del camino, salvo un par de puntos, es entre bosque y ramajes que no te permiten ver nada. Pero nada de nada, en ese aspecto es más bonita la ruta del faro que hay al otro lado (el del Pescador) que vas por la ladera del monte viendo el mar y los acantilados.

A veces en medio del ramaje aparecÃa algo como un camino sin señalizar. Por si acaso evité desviarme a los lados, no fuera a acabar perdido en medio del Buciero, que conmigo todo es posible.

Un buen rato de subida para llegar por fin a un mirador desde el que se puede ver el mar y la Punta del Fraile, un trocito de acantilado algo separado del acantilado principal.

Aquà está. No sé porqué le llamarán asÃ, a un fraile mucho no se le parece. ¿Habrá vivido algún fraile ermitaño en alguna de las cuevas que se veÃan por allÃ?

Como véis, de momento la ruta parecÃa una ruta normal y corriente. Nada especial, nada espectacular. Lo bueno empezaba a continuación, pero eso se quedará para la segunda parte…
Un corzo parado y un corzo corriendo
Camino del puerto de San Glorio está el que debe ser el corzo más fotografiado de toda Cantabria, el que da nombre a un mirador sobre el valle de Liébana. Fijaros cómo tiene el pobre animal el lomo totalmente pulido. ¿Adivináis la causa? De qué va a ser, todo el mundo que allà para quiere sacarse la foto a lomos del corzo.

Pobrecico, a cuenta de eso hasta los cuernos le han arrancado y me fijé que tenÃa un pepinazo en pleno cuello, como si un cazador desaprensivo hubiera hecho con él sus prácticas de punterÃa, cuando hubiera sido bastante más interesante para la humanidad en general y para el género animal en particular que en vez de apuntar al pobre corzo se hubiera pegado un tiro en el pie, algo que si nos está leyendo le recomendamos encarecidamente que haga. Y no es que estemos aquà a favor de la violencia gratuita, pero un lerdo con escopeta es mejor que se mueva lo mÃnimo imprescindible por el bien del resto de los seres vivos.

Hechas las fotos de rigor con el corzo, unos kilómetros mas allá vimos otros dos pero en vivo y en directo paseando tranquilamente por un prado al lado de la carretera. Frené, paré en el arcén y los animalicos en cuanto me vieron aparecer con la cámara salieron pitando, o bien son tÃmidos o uno de los dos se la estaba pegando a su respectiva pareja y huyó antes de que yo consiguiera pruebas del hecho. Ellos se fueron ladera abajo por detrás del prado, yo corre que te corre a ver si los veÃa a lo lejos pero mi gozo en un pozo, ni sombra. Al fondo de la ladera habÃa un rÃo y cuando me di cuenta, los dos corzos estaban ya en la otra orilla corriendo entre los árboles. Foto por supuesto pero qué le vamos a hacer, salió movida. Si, eso que se ve malamente ahà en el medio es un cuadrúpedo cornudo como el del mirador.

Ampliando un poco se distingue que no era una piedra, pero vamos, como foto no ganará un Pulitzer. Lo que sà hizo fue despertar el gusanillo, alguna vez tengo que tomarlo un poco más en serio y apañarme para retratar animales de estos porque pueden salir cosas bien bonitas.


¡¡¡Ya semos modernos!!!