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Pescando en la ría de Astillero

Mencionaba en aquella entrada sobre la ría bicolor cómo las orillas del río que desemboca en la ría de Santander estaban llenas de un lodo color ocre. Pues bien, hoy vamos a matar dos pájaros de un tiro, siempre en sentido figurado, que yo sería totalmente incapaz de matar cualquier animalillo excepto las gaviotas que se cagan en mi coche recién lavado, en cuyo caso dame un lanzallamas y apártate que salpico. En fin, reanudando el hilo de la cuestión inicial, paso primero a presentaros una estatua situada en un muelle de El Astillero, el monumento al pescador. Supongo que pescaría por telekinesis moviendo los peces del agua a la cesta, porque lo que es caña, arpón, sedal, anzuelo u otro artilugio de los que suelen usar los pescadores ni se ven, ni se les esperan. Es más, si me enseñas esta foto te diría que es un paisano que se fue de picnic al muelle y tiene en la mano un botellín de cerveza, pero de todos es sabido que en lo que al espíritu artístico se refiere, yo soy un menos cero a la izquierda.

Pasando al otro asunto, se puede ver la ingente cantidad de limo, cieno, barrillo o lo que sea que se acumula en el lateral.

Al proceder la foto de un día nublado no se ve su color real, de modo que buscamos en el archivo fotográfico una en día soleado y voilá, aquí la tenemos. Si es casi color naranja. Por cierto, eso que se ve ahí delante es medio monopatín, se ve que el usuario no sabía si tirarlo al mar o no y optó por jugárselo al 50%, tiro la mitad y la otra mitad me la llevo para casa.

Y para finalizar, mostrar una costumbre intemporal e independiente de la situación geográfica. ¿Qué me sobra un neumático? Al agua, patos, que la subida de la marea se encargará de borrar las huellas del crimen.

Adiós a Neptuno niño

En un peñasco que sobresale del mar en la playa del Camello residía una estatua llamada de “Neptuño niño”. Colocada ahí en 1979, el paso del tiempo y mas concretamente de algún cafre ceporro cada cierto tiempo la había dejado un poco cascada, llena de pintura, sin los dos brazos y sin el tridente que lo identificaba como dios Neptuno. Aquí podéis verla de lejos y a continuación un poquito más cerca.


El caso es que el ayuntamiento pretendía repararla pero el autor, en el mas puro estilo de lo que pasa con la electrónica actual, dijo que aquí no se repara nada, se hace una nueva aunque sale por un precio ligeramente muy superior que la vida está muy achuchada (véase la historia completa). ¿Resultado? Pues nada, se retira la estatua y adiós muy buenas. Ahora hay islote, pero ya no hay estatua. Una pena.

A ver si por lo menos no lo cambian por un adefesio de hierro oxidado, que si juntamos políticos, artistas y dinero público, toda situación por muy mala que sea siempre es susceptible de empeorar.

Mero el barrendero

En medio de una plaza de Torrelavega, y bastante cerca de la iglesia de la Virgen Grande encontramos la estatua de un paisano con una escoba.

Buscando información en internet, se trata de la estatua de Mero el barrendero. Según parece, Mero era una persona que se pasó la vida barriendo las calles y sonriendo a la gente. Cuando se iba a jubilar el alcalde le preguntó qué quería como regalo de despedida y Mero le dijo que un monumento. Dicho y hecho, el alcalde la mandó hacer y ponerla en un pequeño parquecito. El dorado de los cataplines supongo que será obra de algún gamberro con poca inteligencia y menos gracia.

La rotonda de la sirena

Volvemos a las andadas con uno de mis temas recurrentes. La última rotonda sería bonita con aquel pedrusco engarzado en un soporte oxidado, pero en cuanto veáis ésta convendréis conmigo que luce bastante más. El proceso descubridor de estas cosas viene siendo más o menos el mismo: voy conduciendo, me acerco a una rotonda, veo algo en el centro así que directamente me paro y allá voy con la cámara. El 90% de las veces suele merece la pena.

Y vaya si merece la pena, esta es de una sirena pero menuda sirena, en la peli de Walt Disney no las pintaban así, no.

La rotonda está llegando a Torrelavega y la estatua se llama “La sirena de los ojos azules”. Menos mal que lo ponen en un cartelito, si no, la mayor parte de la gente ni se habría enterado que tenía ojos.

Monumento a Felix Rodriguez de la Fuente

En el paseo que rodea la península de la Magdalena hay varias cosas interesantes que ver, además del zoológico. Una de ellas es una estatua situada en medio de un prado con unas flores en forma de ancla justo delante.

Se trata del monumento a Felix Rodriguez de la Fuente, el del Hombre y la Tierra, gracias al cual pudimos contemplar en nuestra infancia las aventuras del lirón careto y la triste muerte de un alcaudón que pretendía comerse un escorpión.

Curioso programa el suyo, que lo ves hoy en día y entretiene mucho más que el 99% de lo que pongan en la tele.

El Angel Exterminador

Lo mismo que en Luarca no es de recibo pasar sin visitar su cementerio, en Comillas pasa lo mismo porque tiene mucho que ver. Este es fácil de encontrar porque luce en todo lo alto y más que luciría si no le hubieran puesto el dichoso poste de la luz con los cables colgando ahí delante pero qué le vamos a hacer, es mi triste sino fotográfico.

Evidentemente os habréis fijado en esa estatua que hay arriba de todo. Ese era precisamente mi primer objetivo, ignorante como iba de otras cosas que encontraría dentro. Se trata del Angel Exterminador, hecho en mármol por un tal Josep Llimona hace más de cien añitos, concretamente allá por el 1895. Menos mal, si llega a ser hoy en día sabe dios qué adefesio ponen ahí arriba, probablemente en hierro oxidado para hacerme sufrir.

Homenaje al médico rural

Recuerdo que una vez, paseando por Padrón, había visto una estatua dedicada al “médico de cabecera“. En Potes tienen una parecida pero no igual, se trata de un homenaje al médico rural cuya vida por la zona tenía que ser bastante más complicada que la de los médicos de cabecera padroneses, vista la querencia del tiempo meteorológico hacia la nieve y la ventisca. Obsérvese si no la pose del médico calándose la boina o la propia del caballo, apartando la cara del vendaval. Y es que por esa zona la montaña es mucha montaña, además los caminos de aquellas épocas no eran como las autovías de ahora con su asfalto y sus quitanieves.