Llegando al Puerto de Lunada, hay una zona que se llama del “Resbaladero y la Casa del Rey”. A lo mejor pensáis que tiene que ver con los traspiés de cierto monarca de resultas de los cuales acaba con la cadera averiada en Botswana para tranquilidad y regocijo de orejones trompudos, pero no, esto va de otro tema. Como la Real Fábrica de Cañones de la Cavada necesitaba más y más árboles para alimentar sus hornos, primero pelaron los valles más abajo y luego acabaron pelando también hasta las montañas de Lunada, fijaros qué aspecto ha quedado por allÃ.

¿Veis esa construcción de abajo a la derecha? Eso es el Resbaladero, una plataforma sobre la cual hacÃan resbalar los troncos al rÃo para transportarlos corriente abajo. Esto es lo mismo, pero más grande.

Un poquito hacia la izquierda está la Casa de Rey, un pequeño edificio con el escudo real. En su momento eran las oficinas desde donde se gestionaba la compra y transporte de la madera.

A dÃa de hoy todo esto no tiene actividad. Menos mal, porque no hay árboles y el rÃo Miera lleva un caudal para transportar palillos como máximo. Es esa mini-rayita oscura del centro entre el muro y la pista gris clara para vehÃculos.

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El resbaladero y la casa del rey
Callejeando por Potes
Quizá lo más conocido de Potes sea lo que fui mostrando en la primera entrada sobre este pueblo: el puente, la vista del rÃo desde el mismo puente, la calle de los restaurantes… sin embargo, y como todo pueblo rústico, basta que te pongas a callejear un rato para encontrarte rincones interesantes a nivel fotográfico. En este caso hay de todo, empezamos por calles con esa unión de casas por lo alto (de alguna forma habÃa que llamarle…).

Seguimos y aparece una puerta del año de la nana con su crucecita pintada de colorado en la parte superior, supongo que para espantar a los vampiros que vienen al pueblo a comerse un cocido lebaniego.

Bajamos un poquito hasta un paseo estrechito que bordea el rÃo y tenemos vistas del puente con el agua pasando por debajo. En época de lluvias y deshielo este paseo estaba prácticamente inundado.

Desde el mismo punto giramos ciento ochenta grados y tenemos una vista del puente principal de Potes, por el que la carretera nacional cruza el rÃo, con la Torre del Infantado a mano derecha.

Si es lo que yo digo, nada como caminar y caminar para ir conociendo un pueblo. Si te limitas a pasar con el coche o dar una vuelta por los sitios tÃpicos te estás perdiendo todo ese montón de cosas que no se ven a primera vista.
La trompetilla de Puente Agüero
Cruzando Puente Agüero no podÃamos pasar sin ver precisamente el puente que debe ser lo que da nombre al pueblo, pensé que serÃa por estar sobre el rÃo Agüero pero mira, fallito, es el rÃo Miera. Por las formas yo dirÃa que es románico o de un pueblo de al lado, afirmación basada fundamental e únicamente en el parecido con otros puentes por el estilo que he visto. Eso es hablar con propiedad.

Cuando veo una cosa de estas suelo moverme un poco, buscar a un lado y otro de la orilla la mejor vista. Allá iba y al cruzar el puente me encuentro con dos trastos azules muy raros incrustados en el suelo. Señores, si hay alguien que sepa qué son que nos lo diga, porque a mi me pillaron totalmente en fuera de juego.

Como extraño era el artefacto colocado sobre un saliente sobre una pequeña represa unos metros rÃo arriba. Este es el saliente, fijaros en esa columna que tiene al fondo en la parte central.

¿Véis a qué me refiero? Un medidor con una especie de trompetilla por la parte de abajo. A lo mejor forma parte de una proyecto para ponerle musiquilla a las truchas, a ver si con ello se fomenta la natalidad piscÃcola y solucionamos el problema del hambre en el mundo.

Este es el medidor más de cerca, marca 6.6 pero seis con seis no-sé-qué, creo que en la foto pone un sÃmbolo de porcentaje tras el número pero no lo puedo asegurar. Como para que llegue aquà y vea esto un profesor de fÃsica que tuve en BUP, que cada vez que hacÃamos un ejercicio y no especificábamos las unidades el hombre se ponÃa malo. Si ve el aparato este, le da un jamacuco seguro.

Lluvia y más lluvia
Por suerte ha vuelto el anticiclón y con él los cielos despejados, el sol luciendo y las temperaturas agradables. Menos mal porque menuda racha llevábamos de lluvia por todos lados y nieve en el interior. Donde antes habÃa torrenteras secas, ahora veÃas bajar chorros de agua de color chocolate por la cantidad de tierra que arrastraba con ella.

El nivel de los rÃos subió un montón. En Liérganes más de un metro de altura con bastante fuerza, cuando en otras épocas no hay más de una cuarta de aguas mansas como atestiguan fotos mostradas aquà anteriormente.

Un poco antes del pueblo hay una zona que en verano tiene una pinta magnÃfica para bañarse. A ver quien es el guapito que se atreve a meterse ahora, en cinco minutos estarÃa desembocando por el Cantábrico directo a Plymouth sin necesidad de ferry.

Acostumbrado a un palmo de agua y a una corriente tranquila, ver pasar el agua a mares, haciendo borbotones bajo el puente y con un ruido tremendo hizo que me olvidara de sacar un vÃdeo para recordar el momento. Qué se le va a hacer, otra vez será.

Rematando la faena
Que no pudiera llegar a mi destino el otro dÃa cuando me encontré con el granizo en la carretera no quiere decir que me volviera para casa. Saqué el mapa, lo mas cercano era Liérganes y como hacÃa tiempo que no pasaba por allà me fui a dar una vuelta por ver cómo sigue el pueblo. Seguir sigue igual, con sus casas antiguas, sus paseos, su rio, aunque esta vez con un enorme caudal de agua por las lluvias y los deshielos.

Sus tiendas, escaparates… y ahà ya no me pude resistir. Anda, mira, si los de Dougalls han sacado un par de cervezas nuevas, eso hay que probarlo. Y qué buena pinta tienen esos lazos con miel, y las cocadas, y el pote ese de “olla ferroviaria” (impresionante mezcla de alubias rojas, chorizo, morcilla)…

Hay que ver qué trabajadores son los de Dougalls, además de las tres cervezas que ya habÃa probado, ahora han sacado una llamada “Raquera” rubia y fresquita y otra llamada “Invierno” que, con sabor afrutado y casi 7º de alcohol, promete ser una bomba. Si están igual de buenas que las anteriores habrá merecido la pena el desvÃo a Liérganes.

Descubriendo el hayedo (II)
Vamos a concluir aquà las aventuras por el hayedo del Saja, que tampoco es plan aburrir al personal con profusión de imágenes coloridas y otoñales, cuando se me acumulan las historias a contar y estoy a un pasito de volver a las andadas con las dos entradas diarias. Yo me resisto una y otra vez, pero cuando veo que lo que escribo en estos momentos va a ser publicado casi en navidad llega un punto en que la neurona se acelera y acabo por cambiar fechas a las entradas programadas para irles dando salida a todo ritmo o de lo contrario acabarÃa publicando mis próximas aventuras en la nieve (porque este año sà que apetece) allá cuando empiecen los dÃas de playa.
Empezamos con una vista de la ladera del hayedo. A primera hora, los rayos del sol evaporaban la humedad creando una especie de vapor que surgÃa de los árboles. Esto es lo que veÃa casi al principio del parque, mucho marrón y poco amarillo, por eso mi primera impresión fue que habia llegado tarde y ya se habÃan ido los colorines que tanta alegrÃa le dan al bosque.

Evidentemente estaba equivocado, como pude apreciar un poco después. Marrón, verde, amarillo, naranja, rojo, faltaba el negro de charol para tener el juego completo.

La carretera tiene unas cuántas curvas de horquilla cruzando pequeños riachuelos o torrentes que serpentean en dirección al rÃo de verdad que discurre por la parte baja del parque. Si no fuera tan vago, lo propio serÃa recorrer el parque a pie aunque no iba a haber obturador que lo resistiera, a cada paso habÃa una nueva foto, un rincón, una sombra, un camino lleno de hojas… bichos no me encontré ninguno salvo vacas, una pena porque hubiera sido el remate toparme con Bambi en medio de la espesura.

¿Camino lleno de hojas he dicho? Aquà lo tenéis, para disfrutar de un paseo como en plan caperucita por el bosque. Mis perros caminaban extrañados por todas esas cosas marrones del suelo que además de crujir, se hundÃan al pisar.

Para acabar, una cosa son las zonas de sombra como la anterior y otra muy diferente aquellas que quedan algo más expuestas al sol. AhÃ, cuando la luz empieza a brillar casi necesitas unas gafas de sol para ver a los árboles, qué exageración de colores y qué alegrÃa da estar por aquà por medio, caminando en medio de un bosque precioso mientras el sol me calienta los pocos pelos que me quedan.

Hale, ya quedé saturado de hayas hasta el año que viene. Ahora que venga la nieve, que hay ganas de pisar montaña blanquita.
Sorpresa en Burgos (II)
Esta es la continuación de aquella primera entrada donde iba describiendo el recorrido por las cuevas de Ojo Guareña. Ese mismo dÃa nos pasamos por Puentedey, pueblo que queda allà al lado y sin ser gran cosa sà que es bien llamativo por estar situado justo encima de una roca que el rÃo ha ido horadando y atraviesa por debajo.

El agujero es transitable, paseable y puede uno incluso aprovechar un dÃa caluroso para chapuzar en el agua fresquita y cristalina del rÃo o en su defecto para meter los pies un rato en caso de que vengas de pegarte una caminata anterior. También puedes usarlo para lavarte los pies, disimular la peste y no tener que ducharte un dÃa más, aunque en ese caso te recordarÃa aquella canción de los Ilegales que decÃa “hay una cosa que se llama jabón, mata los piojos y te quita el olor”.

Una vez cruzamos al otro lado, el panorama es similar con las casas en todo lo alto, piedras, rÃo y arbolitos. En caso de pasar cerca del pueblo, apuntarlo como otro a la lista de parar y visitar.

La pasarela Zubizuri
El puente Zubizuri cruza el rÃo que atraviesa Bilbao cerquita del Guggenheim, allà al fondo. Diseñado por Calatrava, se ve muy majo, fotogénico y distinto de lo que serÃa una tÃpica pasarela recta.

Por debajo aún es más llamativo, viéndose una de las torres Isozaki a la derecha.

Sin embargo, lo verdaderamente espectacular del puente no es su forma sino la historia que trae consigo. Puente con suelo de cristal más clima lluvioso igual a patinazos asegurados para los viandantes, esas cosas que dan la impresión cómo si se hubiera diseñado un puente muy bonito sin pensar dónde iba a ir ubicado. Primero el ayuntamiento puso unas bandas antideslizantes longitudinales para finalmente acabar poniendo esa especie de alfombra rugosa que veis en la foto.

Pero no acaba ahà la cosa. Como el puente conectaba con la orilla del rÃo pero no con la calle superior, que tiene más tráfico y movimiento, el ayuntamiento hizo una ñapa poniendo un conjunto de andamio-escaleras temporalmente que tuvo que retirar por las protestas del autor del puente. Años después, cuando quisieron hacer unas escaleras de unión entre el puente y las torres Isozaki, Calatrava denunció al ayuntamiento por daños morales a su creación porque le tuvieron que cortar una barra de metal al puente pidiendo TRES MILLONES DE EUROS. Pa mear y no echar gota. Tras los dimes y diretes judiciales, finalmente el ayuntamiento tuvo que pagar treinta mil euros. Ya salió cara la barra de metal, ya. La historia completa en la Wikipedia, pero bueno, leyendo estas cosas deja uno hasta de confiar en la raza humana.
Contrastes
Ultimamente llevamos una racha de contrastes con el tiempo que no veas. Lo mismo amanece nublado, que despejado y se chafa a media mañana, que nos encontramos casi a treinta grados al mediodÃa. El último dÃa que sucedió ésto me cogà a los perros dirección Liérganes y a chapuzar en el rÃo se ha dicho. Gran descubrimiento los zuecos tipo “Frank de la Jungla“, caminar sobre las piedras de rÃo te deja los pies hechos un asquito no porque te cortes o te hagan daño, sino porque luego los notas como “mazados”, como doloridos con un dolor sordo en toda la planta. Con los zuecos puedes andar todo lo que quieras por el agua sin el menor problema, no resbalan y al salir los tienes secos en dos minutos. Estos son de la parienta, cuatro números menos de los que uso yo. Los cogà para probar qué tal iban y tanto me gustaron que ya tengo los mÃos propios.

Asà es el rÃo a la altura del pueblo, bajo de caudal pero limpÃsimo, fresquito, me meto y remojo a los perros, aprovecho alguna poza para refrescarme yo y puedes caminar un rato largo.

RÃo arriba ya no hay casas a los lados, remontas el curso entre árboles y represas, con la orilla llena de piedras por si no tienes ganas de mojarte. Aquà se ve a la feliz parejita, que explorar cuando quieras, pero mojarse lo mÃnimo imprescindible.

Ah, si estás leyendo ésto, eres una gallina y no sabes nadar, procura dedicarte a otra faena. La última en intentarlo creo que fracasó con trágicas consecuencias…

Diferencias en el agua
Otra de las cosas con las que he notado un cambio notable al pasar de Galicia a Cantabria ha sido con el agua. Para empezar, donde vivÃa tenÃamos agua de pozo porque no habÃa traÃda municipal, tenÃamos fosa séptica porque no habÃa saneamiento, todos los vecinos de los alrededores tenÃan fosa séptica también con lo cual ante una posible filtración no nos fiábamos al 100% del agua de pozo y bebÃamos agua embotellada. El agua del pozo quedaba para regar, cocinar y ducharse. Alguna vez la bebà y sigo vivo, con lo cual debÃa estar buena.
Para quien no sepa lo que es una fosa séptica, es una especie de depósito subterráneo abierto por abajo donde van a parar todas las tuberÃas de la casa: grifos, bañera, WC y demás. Imaginaros lo que hay dentro. Las bacterias lo van descomponiendo y el agua se filtra al terreno, asà que has de procurar no echar plásticos, lejÃas, aceites o cosas que maten las bacterias y eviten que descompongan el contenido. Palabrita que abrir la tapa de una es una experiencia francamente impactante, sobre todo si está a rebosar.
Finalizado el momentito escatológico, llegados aquà nos encontramos que abres un grifo y sale agua porque sÃ, agua que además se puede beber y sabe a agua. Vas al baño, tiras de la cadena y te olvidas. A cambio, el ayuntamiento te pasa un recibo por el agua, cosa que teniendo pozo no pagábamos, y te pasa otro recibo por el saneamiento, cosa que teniendo fosa séptica no pagábamos.
Volviendo a lo de las diferencias, el agua aquà es distinta. Primero se nota un sabor diferente, como si fuera agua con una pizquita de bicarbonato. Lo segundo es que mancha mil veces más, deja unas huellas de cal que no veas, mientras que el agua de allá prácticamente no dejaba huella. Y por último, aunque no por ello menos sorprendente, casi no hace espuma. Cojo el cubo, echo Mister Proper, lleno de agua y con el llenado se hace algo de espuma. Un minuto después la espuma ha desaparecido y ni idea del motivo, cuando antes la espuma duraba, duraba y duraba.
En cambio, el agua de los rÃos es igual. Transparente, corre en dirección a la corriente y moja, como aquà en el RÃo Pas en Puente Viesgo.


¡¡¡Ya semos modernos!!!