Vamos a Cantabria » 2012 » mayo

Archivo para 31/05/2012

Eggfiti

En Galicia conocí y pude ver qué era aquello del “shoefiti“, curiosa costumbre esa de tirar zapatos a los cables, como si encontrarse tres cables por medio de una foto no jorobase ya suficientemente, resulta que encontrabas tres cables y unos zapatos colgando. Insisto, otros afeitan bombillas o le tiran cáscaras de plátano a los aviones a ver si resbalan.

Aquí la primera vez que vi algo colgando de unos cables ya de lejos no me parecian unos zapatos, como mucho unos patucos o las botas de David el Gnomo.

Y de cerca mucho menos. ¿Qué sería esto? ¿Los cataplines de un paracaidista que tropezó con el cable un momento antes de aterrizar? ¿Habrá dado comienzo así la moda del Eggfiti, o lo que es lo mismo, dejarse los huevos en un cable eléctrico?

El Alto del Cuco

Hoy volvemos a un tema clásico: el urbanismo a lo bruto. Aquí, como en todos lados, las han hecho buenas en esa época en que se construía casi hasta en los arcenes de las carreteras. Hablando con gente me comentaron de una urbanización famosa en ese aspecto llamada el “Alto del Cuco”, donde le habían metido un buen mordisco a una montaña en zona de protección. En uno de esos recorridos errantes que tanto me caracterizan vi una urbanización allá a lo lejos metida en una montaña y me dije que tenía que ser eso.

Ya véis, porrón de casas aprovechando un trocito de montaña… pues no. Queda un poco fea entre todo el verde y un poco “pegote” entre todas las casitas dispersas, pero ésta no es

Me informé un poquito mejor y la siguiente vez ya di con ella. Primera vista, de lejos. El mordisquito a la montaña fue notable. Visto desde arriba aún asusta más, parece como si hubieran dejado sólo una hilera de árboles en el centro para disimular.

Segunda vista, más de cerca. Pues si, oiga, ¿qué no queda sitio llano para construir? No problema, quitando un poquito de tierra de nada ya nos queda para meter una urbanización entera.

Aquí se pueden ver los desmontes. Desde los adosados la vista por delante será una maravilla, pero a la vista por detrás al muro vertical no le veo mucho futuro. Quien sabe, a lo mejor en el futuro se planteaban quitar el resto de la montaña porque total, dejar sólo un trocito es una tontería y la tierra suelta mancha mucho cuando hace aire.

Actualmente está abandonada y dudo mucho que reemprendan las obras. Hay vigilancia permanente por parte de Prosegur para que no se cuele gente ni se lleven cosas.

Resumiendo un poco la historia, pasa lo que tantas veces ha pasado. FADESA quiere hacer esta urbanización en 2004, todos los informes eran desfavorables y oh, milagro, el ayuntamiento les da licencia para construir (no quiero ser mal pensado, pero si quisiera…). Empiezan las obras, empiezan los recursos en los tribunales que al final fallan desfavorablemente a la construcción. Paralización, órdenes de derribo, recursos, apelaciones, el alcalde condenado por prevaricación urbanística hasta que finalmente el Tribunal Supremo dice que es ilegal y aquí no hay más que rascar.

Aún así ya veréis cómo aún le han de dar unas cuantas vueltas más con tal de no ejecutar la orden de derribo y escaquearse del tema. Vamos, otra de tantas que nos han llevado a donde estamos. This is Spain and Spain is different.

La huerta pejina

“Pejes” es otra forma de referirse a los peces. Y aquí en Cantabria es también una forma de referirse a aquello relativo a los pueblos pesqueros orientales, como Santoña y Laredo. Por allí ves carteles y anuncios de tal cosa pejina, tal otra pejina, los pejinos y demás. Por ejemplo, ésta frutería con esa obra de arte pintada en el escaparate.

Fijaros bien, montañas de queso e higos, árboles con hojas de legumbres o brécol, suelos de aguacates y frutas, ingenio a troche y moche para hacer un local diferente. Mis más sinceras felicitaciones tanto a dueños como a los autores del dibujo.

Más cuevas

Hablaba en su momento de cuevas en la montaña, y mientras visitábamos Puente Viesgo encontré un cartel que señalaba la dirección a otras cuevas que para mi, como prácticamente recién llegado, resultaban desconocidas. Se trata de las del castillo, la de las monedas, la pasiega y la de las chimeneas. Me pregunto para qué me molesto en enumerarlas, si teniendo la costumbre de fotografiar los carteles que voy viendo me lo podía ahorrar, que una imagen vale más que mil palabras (o por lo menos eso dicen todos menos los de la Academia de la Lengua, que como es normal tienen que ver por lo suyo).

Hay un parking pequeñito, las cuevas están acondicionadas para recibir visitas previo paso por taquilla, que se encuentra ahí al fondo.

Como iba acompañado de dos bestias peludas ladradoras dejé la visita para una próxima ocasión y me limité a fotografiar la estatua de un pedazo piedro que hay a mano izquierda de la foto anterior. Supongo que será una reproducción ampliada de un hacha de la época de Marujita Diaz, cuando los dinosaurios. Muy bonita, muy artística, pero francamente yo no la pondría adornando en el salón de mi casa porque luego coordinarlo con el resto de la decoración es un problemón de cuidado. Va mejor si te gusta lo rústico, las pieles de cabra como alfombras y eres muy de antorchas en la pared. Si no, mejor probar con otra estilo.

Por mis huevos que me van a oir

Paseando por Castro Urdiales pudimos ver un nuevo soporte publicitario consistente en una especie de quad al que se le acoplan dos altavoces tamaño XXL en la parte superior, se pone el mando del volumen en posición “mas alto no hay” y venga, vamos a recorrer el pueblo que de esta seguro que se enteran.

Si además el mensaje publicitario se repite machaconamente una y otra vez, es increíblemente fácil empezar a odiar todo aquello que es anunciado. Probablemente sea cosa mía que soy rarito, algo especial y poco propenso a que me taladren los oídos. Por cierto, al fondo se ve la cafetería Dallas que creo que ha sido otra víctima de la crisis y ha cerrado sus puertas. Una menos en el país donde seguramente haya más cafeterías que en todo el resto de la Unión Europea junta.

Lo que da de si una mañana playera

Llega el verano, esa época en que no suele estar bien visto pasear con los perros por la playa así que poco a poco voy restringiendo mis visitas con el par de perretes a los días que hace mal tiempo. Como siempre me acerco a una que suele estar prácticamente vacía, compruebo que no haya nadie en las proximidades y los suelto para que disfruten corriendo, gastando toda la energía que quieran en hacer kilómetros por la arena. Como uno es un ser civilizado, me llevo mis bolsitas de modo que si un perro hace caca en la arena, un servidor lo recoge y lo lleva a una papelera, algo que podrían aprender a hacer más de uno y más de dos, que si a veces me quejaba de ésto en Vigo, aquí no os creáis que mejora la cosa sino todo lo contrario.

Alguna vez me he encontrado con la desagradable sorpresa al volver a casa de que uno de los perros traía un corte en alguna almohadilla de la pata debido a la cantidad de cristales que hay entre la arena, que me pregunto de donde saldrán porque hay muchísimos. Total, que las tres últimas veces me llevé a los perros, una bolsa del súper y mientras ello corrían y se entretenían, yo iba viendo al suelo y recogiendo cristales. Fijaros aquí qué cerquita estuvo uno de llevarse un buen corte para casa, imaginaros si el que pasa es un niño…

De recoger cristales, pasas por delante de una botella de plástico tirada y bah, venga, la recojo también. Así poco a poco fui ampliando el objetivo a las botellas de plástico, bolsas de plástico, otros trozos de plástico, latas oxidadas e incluso me encontré un pincho apoyado en una piedra que si lo pisas, como poco te ganas el tétanos. Foto, por supuesto, que luego la gente no se cree que el tema sea tan espectacular como lo cuento. Así estaba el pincho, medía una cuarta de largo y fijaros qué puntita mas rica.

¿El resultado? En un cuarto de hora ya tenía la bolsa llena. Bolsas, plásticos, latas y muchos, pero que muchos cristales. Ni me pagan nada, ni espero reconocimiento, lo hago porque quiero, porque me parece bien y porque así además me entretengo.

Como añadido, unas veces hemos encontrado peces muertos, otra vez aquel lenguado al que salvamos la vida, y ésta una sepia muerta que menudo tamañito tenía la jodía. Esa correa así doblada mide medio metro, calculen ustedes el tamaño de la sepia contando que le faltaban los tentáculos.

La devolví al mar para que sirva de alimento al resto de pececitos, porque si la llego a dejar en tierra mi perro se la zampa en dos bocados. Este nació en Galicia y salió al dueño, le va la carne, el pescado, los yogures, la fruta y aún tengo la duda de si sabrá pelarla, pero le echas una centolla y seguro que se la intenta comer. Darle Mateus Rosé aún no he probado, pero me apostaría lo que fuera a que le das un poquito y después no vuelve a querer agua en su vida.

El de antes y el de ahora

Aquellos que hayan pasado por Fuente De hace más de cinco años recordarán perfectamente éstas cabinas, con su aspecto antiguo y esa sensación de aventura cada vez que subías en ella. Son las antiguas cabinas del teleférico de Fuente De al Mirador del Cable, actualmente están retiradas de servicio y han quedado como exposición tras muchos, muchos viajes.

En 2007 fueron sustituidas por un modelo más moderno, mejor diseño, más acristalado y supongo que más seguro. Aún no lo he probado pero espero hacerlo en breve, cuando se produzca el feliz acontecimiento no dudéis que habrá fotos y una completa descripción del evento.

Conste que el principal problema que tengo para probarlo es que antes de Fuente De está Potes, donde siempre paramos un ratito, que si vemos aquí, que si vemos allá, que si es una pena no aprovechar para comerse un cocido lebaniego, huy con lo rico que lo ponen en el “Cenador del Capitán“, allá van las cinco de la tarde, a esas horas y con el buche a reventar ¿quien está para subir en un teleférico?

Paseo de las Artes

La playa de Laredo es kilométrica, hay un paseo marítimo que la recorre y la última vez que lo visitamos observé éste cartel según el cual desde hace un año le llaman Paseo de las Artes.

Primera obra que me encuentro, unos delfinicos muy majos que me llevaron hasta el recuerdo de la contemplación de aquella rotonda de los calamares en Moaña.

No faltó quien viendo posibilidades de mejorar la obra, añadió su toque personal para ponerle ojitos a los delfines. Mas que opinable y discutible, pero bueno.

¡¡¡Uuuuuuuuuuuuuaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaahhhhhhhhhhhhhh!!!! Madre mía, ¿pero qué es ééééééstooooo? Dejémoslo, está visto que el arte no es lo mío, vámonos a tomar una caña para recuperarme y a ver si me baja la tensión que a ciertas edades ya no tiene uno el cuerpo para según qué sustos…

Va llegando la hora de comer

Las entradas de este blog salen automáticamente a las doce de la mañana, esa horita en que el estómago va pidiendo combustible para resistir hasta la hora de comer y en caso de no recibirlo se prodiga en un concierto de rugidos hasta que lo obtiene so pena de dejarnos en ridículo cuando mayor silencio se requiera. Para esos momentos, aquí me tendréis siempre dispuesto a mostraros cosas ricas con las que haceros sufrir.

Una de las prioridades al llegar aquí era localizar una buena carnicería y una buena pescadería, fundamental a la hora de papear. Localizada la carnicería, nos estamos metiendo cada semana entre pecho y espalda unas chuletas de agárrate y no te la menees. El plato mide 26 cms de diámetro, con eso os hacéis a la idea del tamañito de las chuletas. Normalmente cada dos pesan un kilo y es carne con sabor, que la haces en la plancha y no suelta nada de agua ni merma. Impresionantes, de veras.

Cada vez que comemos chuletas tenemos a los dos perros babeando desde su colchoneta porque saben que al acabar, el hueso y los restos van para ellos, así disfruta toda la familia por el mismo precio.

En un viaje a Baracaldo probé un pescado que allí le llamaban “txitxarro” y a mi por aspecto me recuerda al jurel. Localizada también la pescadería, compré un par y aquí tenéis el resultado, “txitxarro” al horno con patatas a lo pobre, con su cebolla, su pimientito verde, pimientito rojo, aceite de oliva y está de muerte acompañado por un lambrusco, un Peñascal o algo parecido. La bandeja mide 44 cms de ancho. Imaginaros las dimensiones de los pececitos.

Al tener más tiempo libre me estoy dedicando yo a las cosas de intendencia y no veais cómo papeamos. Lo mejor de todo, que aún por encima bajé de peso y estoy seis kilos por debajo de mi peso habitual anterior. Hace tiempo compré un libro llamado algo así como “No hagas dieta, come bien”. Si al final va a ser verdad y todo.

De todas formas, si queréis ver a dos super-cocinillas, recomendaros una visita al blog de recetas de cocina de Sulaco (lector habitual) o el blog de Nuria, amiga de mi parienta.

Via Verde en Puente Viesgo

En Cantabria hay cinco “Vías Verdes“, antiguas infraestructuras ferroviarias en desuso que se reconvirtieron en rutas de senderismo o bicicleta. Desde Puente Viesgo sale la Via Verde del Pas, la más larga de todas con sus 34 kms y de la cual, haciendo un esfuerzo sin precedentes y tras tiempo de preparación, hicimos los primeros quinientos metros. Empieza justo en el centro del pueblo como un carril de esos pintados de rojo y pasa justo delante de la antigua estación del tren.

Unos metros más adelante se puede ver una antigua locomotora de adorno, en muy buen estado de conservación.

Aunque en la foto anterior se vean las vías, aquí podéis ver cómo está sólo el tramo de la locomotora, un metro extra por delante, otro por detrás y para de contar.

Por último me llamó grandemente la atención los cuatro grifos situados en el lateral derecho de la máquina. Supongo que será para facilitarle la tarea a quien venga a bebe o lavarse las manos, no importando si es bajito, medio bajito, normal o alto, que siempre encontrará un grifo a su altura. Muy buena idea y un diez en concepto de accesibilidad, imaginaros que sólo dejan el grifo de arriba y viene Danny DeVito a beber. Qué jodienda para él, ¿no?