Si llega el calor, llega el tiempo de los helados. Y decir helado en Cantabria es decir Regma. No me pagan, no me subvencionan, no me sobornan (aunque me dejarÃa encantado), es que las cosas hay que decirlas como son. Tienen la fórmula perfecta para vender a punta pala: helados enormes, muy ricos de sabor y a buen precio (el de la foto vale 2,10 euros).

¿Cuál es el único problema? Que la gente se acostumbra y no quiere otro, asà que cuando aprieta el sol se junta una de gente a la cola de los helados que no es normal. Fijaros el sábado en el Sardinero, unas treinta personas esperando por su helado.

El domingo en Somo, más gente aún. Todo lo que se ve, más otra docena de personas a la izquierda que no cabÃan en la foto.

Como uno es muy perezoso como para pasarse veinte minutos a la cola, me quedé sin helado el sábado y sin helado el domingo. Habrá que probar los dÃas de semana, a ver si no hay tanta afluencia, porque lo de gritar “fuego, fuego” para ver si sale pitando la gente no creo que tenga mucho futuro.
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La cola del Regma
Un rayito de sol
Eso es lo único que hace falta, un poquito de luz y calor para que todo el mundo se eche a la calle como si no hubiera un mañana. Hoy domingo a mediodÃa debÃamos estar sobre los veinte grados y casi no se cabÃa en las zonas de paseo del Sardinero. Mucha gente también por la arena y suerte que jugaba el Racing de Santander, con lo que otro montón de gente estarÃa dentro del estadio, sino aún habrÃa más y más personal por esta zona.

La pena es que la alegrÃa dura poco en casa del pobre, para mañana dan la llegada de otro frente de lluvias, para el jueves bajonazo de temperaturas y más lluvia… dame paciencia señor…
Monumento a Don Quijote… o asÃ
Y ya que mencioné de refilón la estatua del Quijote en el Sardinero, vamos a por ella aprovechando que lo tenÃa en la lista de borradores pendientes de escribir.
La primera vez que lo vi, lo primero que me vino a la cabeza fue que le habÃan dedicado una escultura (o estatua) al mosquito veraniego, por el pedazo aguijón que gastaba el elemento. Esto es posible porque uno es un iletrado semi-incapaz mental y en vez de analizar el concepto, el desarrollo y los precedentes, digo lo que sale del primer arranque de la neurona y asà pasa lo que pasa. Debe ser por eso que con el Pictionary nunca tuve el mas mÃnimo éxito.

¿Qué hacer en ese caso? Se va uno a la plaquita explicativa, se la lee y con asombro descubre que esto es un monumento al Quijote… como decÃa Macario, el de José Luis Moreno, aaaaaa-aaaaaahhhhhh.

Para un mayor saber, que no ocupa lugar, el autor es el artista mejicano Leonardo Nierman. La estatua fue donada a la ciudad de Santander por la Fundación Cervantina de México y existe otra igual en el Museo Iconográfico del Quijote en Guanajuato.

No recordaba yo que el Quijote tuviera alitas… habrá que volver a coger el libro a ver si esta vez paso de la página cinco.
Ayer tocaba oleaje
Anteayer estaba vegetando un rato delante del telediario con el cerebro absolutamente en off. Cosa rara en mi porque lo único que veo últimamente son documentales de bichos, mano de santo contra el insomnio pasado, presente y futuro. Salà automáticamente del modo de suspensión cuando empezaron a hablar sobre la llegada de la puntita de una ciclogénesis explosiva situada sobre el Reino Unido, esos retazos de tormenta, acompañados de una marea viva, traerÃan olas muy grandotas y muy seguidas por el norte peninsular. Afuera llovÃa un montón, era tal el soporcillo dominguero mientras hibernaba cubierto por mi mantita polar que ni se me ocurrió pensar en la posibilidad de ir a sacar unas fotos al oleaje, y eso que esa misma mañana paseando por el entorno de la Playa de la Maruca ya habÃa olas y alguna foto maja sà que salió.

Por cierto, fijaros en los Picos de Europa al fondo, menuda cantidad de nieve que tienen. Creo que se van mereciendo otra visita más.
Retomamos el asunto de la tormenta. Ayer por la tarde nos vamos con los perros a dar una vuelta por el Sardinero. Nos viene bien porque asà se acostumbran a ver congéneres y aprenden que un Yorkshire no es un aperitivo, no vaya a ser que un dÃa tengamos una desgracia. En el paseo marÃtimo vemos un montón de gente expectante, cámaras, fotógrafos, ¿qué habrá pasado aquÃ?

¿Que qué pasó? Que esta gente vio el Telediario con las neuronas puestas y se vinieron a disfrutar del espectáculo. Menudo oleaje, normalmente hay una franja bastante amplia entre el paseo y el agua, ayer no habÃa nada, las olas llegaban hasta el muro del paseo y eso que creo que la marea estaba bajando.

Por la zona de La Magdalena y la playa del Camello más de lo mismo, el mar suele estar tranquilo pero aquà batÃa que daba gusto contra las piedras de la penÃnsula mientras olas de tamaño respetable como la que se ve a la derecha rompÃan contra la arena. Definitivamente tengo que hacerle más caso a los telediarios y, a ser posible, despierto.

Adiós al veranillo
Algún dÃa tenÃa que pasar y ha pasado, adiós al veranillo que tenÃamos, adiós a esos dÃas de calorcete al mediodÃa, se aproxima una borrasca y una semana seguida de lluvia por aquà o nieve en el interior. Digo yo que algún dÃa tenÃa que pasar, porque eso de estar a veinte grados a principios de año cuanto menos algo raro sà que parecÃa. Hoy domingo nos acercamos a la zona del Sardinero y tan pronto paraba como salÃas y volvÃa a caer un chaparrón enorme, porque una de las curiosidades meteorológicas es que hay más probabilidades de lluvia o caerá mucho más fuerte cuando tengas que salir a la calle o más lejos te encuentres de cualquier posible refugio.
Aquà se ve el aspecto del cielo, ese mar que se vuelve mucho mas verde cuanto peor se pone el tiempo y un par de barquitos al fondo que lo mismo los veÃas que se ocultaban detrás de una cortina de lluvia.

Asà estaba la playa. Igual de bonita que siempre, con unas nubes que metÃan miedo.

Sin embargo no faltaban los surferos de siempre, haga el tiempo que haga allà los tienes practicando su deporte favorito. Total, qué más da que llueva. Más de lo que están seguro que no se van a mojar.

Un corner solitario
Algo habÃa leÃdo sobre la existencia de un curioso monumento futbolero en los jardines del Sardinero de modo que allá me fui con la cámara, los perritos y la parienta a la busca de la foto como paso previo a una vuelta por el paseo de la playa, aprovechando los cálidos dÃas de sur que hubo en diciembre. Sin embargo andaba y andaba, daba vueltas y no lo encontraba. Hasta que al final apareció escondido en medio de un seto. Aquà lo tenéis.

El monumento en sà consiste en un recuerdo de un corner del antiguo campo de fútbol del Sardinero.

Si os fijáis en el mapa, por lo visto antes de estar donde está ahora, el estadio estaba en los jardines situados a su derecha. Ah, y lo más importante, justo a la derecha del estadio nuevo está situada “La Tasca“, de grato recuerdo a cuenta del papeo que allà nos mandamos.
Crónica de los Baños de Ola
Como habÃa prometido, pretendÃa pasar por la fiesta de los Baños de Ola para hacer un relato novelado de lo que allà se vivió. Sin embargo, como dice el famoso dicho “el hombre propone, dios dispone y la mujer descompone”. La señora parienta se me puso medio pocha y yo, como buen calzonazos que soy, hube de mantenerme al pie del cañón cuidándola y dándole mimos no vaya a ser que me desherede. Hubo que cambiar el plan y en vez de ir todos los dÃas a horas variadas para empaparme bien de la fiesta, hice lo que habrÃa hecho habitualmente: ir el último dÃa a última hora. Menos mal porque el primer dÃa de la fiesta llovió lo que pudo y más, el segundo dÃa también estuvo pocho, en cambio el domingo estuvo un dÃa de miedo. Sol, calor, gente en la playa y ahà en el centro tenéis la esquinita del paseo del Sardinero donde estaban instaladas las casetas de baño y otras donde vendÃan cosas variadas.

Esta ciudad es muy curiosa, en cuanto sale un poco el sol todo el mundo se echa a pasear. En ese aspecto me recuerda más a La Coruña que a Vigo, mucho carril bici, mucha zona llana donde pasear y la gente con ganas de darle a los pies. Pero cuando digo que sale todo el mundo, era todo el mundo, fijaros qué cantidad de personal andando por la zona del paseo (en el centro de la imagen).

Como fiesta era muy pequeñita. Unas casetitas, un escenario donde en ese momento estaba tocando un grupo todos ellos vestiditos de verde:

Una caseta grandota donde lo mismo vendÃan cuadros, pulseras, libros o anchoas que hacÃan retratos. A la derecha detrás de la valla unas mesas en las que los niños se entretenÃan pintando.

Aquà se ve la caseta grande. Otras tres casetillas similares pero de menor tamaño completaban el tema, vendiendo churros, barquillos y no recuerdo qué más. También habÃa un “mercado marinero” enfrente, pero eso ya lo contaremos otro dÃa.

SabÃa que a ciertas horas iba gente disfrazada con bañadores de primeros del siglo veinte. Pregunté en información y me dijeron que tururú, el último pase habÃa sido ayer. En fin, qué le vamos a hacer. Seguimos caminando y en los Jardines del PiquÃo (allà al lado) nos encontramos con esta pareja. Nos paramos a charlar con ellos un rato y me quedé alucinado porque no sólo eran del siglo pasado los atuendos, sino incluso las formas, la finura, hablando ambos con una educación de esa que ya no se ve hoy en dÃa.

Una gente encantadora, y eso que a casi treinta grados de temperatura esos atuendos tenÃan que ser como una sauna. Foto por detrás para que se vea que no faltaba ni un detalle.

Y esto es lo que pude ver. El año que viene, dios mediante y si la parienta no repite faena, volveremos para comentar más cosas.
Baños de ola santanderinos
La última vez que pasé por la playa del Sardinero encontré en una explanada varias casetas de colorines instaladas. ¿Será una fiesta? ¿Será una exposición? ¿Serán soluciones habitacionales?

Allà al lado hay un kiosko de Regma asà que aproveché para pedirme uno de mis helados favoritos y preguntarle a la dependienta por la razón de tales casetas. Me contó que son para una fiesta llamada los Baños de Ola, que conmemora la primera vez que se publicó un anuncio en “La Gaceta de Madrid” recomendando los baños en la playa del Sardinero por sus cualidades medicinales. Aquà podéis ver un resumen de la historia. Del 11 al 15 de julio la gente se viste con bañadores de época, se cambia en las casetas y hala, a bañarse.
La caseta grande va a ser para una exposición llamada “Santander Mirada ArtÃstica”.

Las casetas pequeñas me encantaron por el colorido, por lo bonitas que quedaban a la luz de la mañana y cómo contrastaban con el mar y el cielo.

En cierto modo hasta me recordaron las casas de Costa Nova, en Portugal, muy similares aunque de tamaño algo más grandecito por suerte para sus habitantes.

Tener por seguro que ésto no nos lo perdemos ni yo ni mi cámara, y unos dÃas después habrá relato novelado de los acontecimientos históricos allà vividos.
El baño de primero de año
Empieza bien el año, mañanita de sol, con lo cual todo el mundo se echa a pasear por la calle y unos cuántos se bajan a la arena del Sardinero para estrenar la playa desde el dÃa uno. Un servidor secundó la idea y un ratito después de la foto estaba caminando tranquilamente por la orilla mientras me aireaba la brisa marina.

Otros, mucho más atrevidos y valientes no dudaron en meterse al agua en la playa del Camello. Bueno, sà dudaron un poquito pero al final se metieron que es lo que cuenta. Un servidor, con su camiseta, camisa, jersey y cazadora, ni borracho secunda mociones similares porque para morir de una pulmonÃa siempre hay tiempo y nunca prisa.

Aires cántabros
Dice la voz popular que los cántabros son gente del norte, recia. Pues a ver si se me pega algo, porque con la edad cada vez soy más friolero y me quedo asustado al ver cómo dÃas en que ni por asomo me quitarÃa la camiseta, la camisa y el jersey, hay gente que se va a la playa y, no contentos con eso incluso se bañan. Fijaros en esta imagen del Sardinero. DÃa fresquito, cielo nublado, vientecillo y una buena cantidad de gente disfrutando el dÃa de playa como si de agosto se tratase.

Si me saco sólo un calcetÃn un dÃa como este igual me quedo a las puertas de una neumonÃa, asà que mejor no arriesgar.

¡¡¡Ya semos modernos!!!