Milagro, milagro, increÃble, algo que ha bajado de precio. FÃjense ustedes. Puerta de entrada en la iglesia de la Vega del Pas. Dos cartelitos y una maquina de esas de echar moneditas.

Viendo los carteles más de cerca, aparece una pegatina de “50 ctms” parcheando el espacio destinado al precio por iluminar la iglesia parroquial para disfrutar de una visita sin la semipenumbra habitual.

Y si nos fijamos en la maquinita de cobrar, ¿cuánto habÃa que pagar antes por la iluminación? Cien pelas. ¿Cuanto hay que pagar ahora? El equivalente a 83,193 pesetas. Por eso lo de milagro, milagro, debe ser el único lugar del mundo donde no han aplicado la tasa de cambio 1 euro = 100 pesetas y que paguen los tontos de siempre.

Claro que a lo mejooooorrr… y digo sólo a lo mejooooorrr… aplicaron el cien pesetas igual a un euro y ante la bajada de recaudación han tenido que hacer la rebaja parcheadora, pero bueno, igualmente le damos el mérito de comprender que bajando el precio a veces se recauda más, algo que a muchos dirigentes y empresarios de este paÃs sigue sin entrarles en la cabeza.
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Milagro, milagro
Entretenido con los canecillos (II)
Vamos a por la segunda de los canecillos de Cervatos, tras haber hecho una primera muestra aquÃ. Primero otra vista de la iglesia, cómo no, con una torre eléctrica sosteniendo sus cables correspondientes allà al fondo. Al final acabarán siendo los tres cables perennes el elemento distintivo más importante de mis fotos.

Pasamos a los canecillos, sobran las explicaciones. Y yo pensando que el de la derecha de la segunda foto era un saxofonista…


Conste que no todos son asà de explÃcitos, algunos como estos dos son algo más complicados de entender. De hecho, el segundo no tengo ni idea qué será.

Unos con máscaras, otros bebiendo, hay de todo tipo.

Y aquà van los dos últimos, en formato bestia. Yo sigo fascinado con que hicieran todas estas esculturas y no los pasaran por la hoguera, teniendo en cuenta que la iglesia fue edificada el año mil ciento y pico. Dedicada a un obispo, pagarÃa por ver su cara y la del cura de la parroquia el dÃa de la inauguración…

Entretenido con los canecillos (I)
Y no me refiero a lo bien que me lo paso yendo por ahà de paseo con mis perros, esto va sobre una visita a un pueblo llamado Cervatos que es conocido por dos cosas. Una, la colegiata, que viene siendo esta iglesia situada en lo alto del pueblo. ¿Y qué tiene de especial?

Pues una serie de “canecillos” de un estilo inconfundiblemente erótico a cada cual más curioso. El primero, aunque hecho polvo se distingue de sobra.

Este otro, en la parte superior de una columna, tampoco deja el menor lugar a dudas.

En la cornisa del techo más de lo mismo, pero a mogollón, uno tras otro.

Aquà mas cerquita. Lo dicho, sobran las explicaciones y llama la atención cómo está la iglesia llenita hasta los topes de esculturas asÃ, cosa rara que no las hayan quitado, tapado o disimulado con un bloque de cemento conociendo cómo son sus dueños y moradores.

Por desgracia, Cervatos también es conocido porque allà actúa un envenenador de perros. El muy cabronazo se ha cargado adrede más de cincuenta perros, ojalá la benemérita lo trinque y encierre por un buen periodo de tiempo o, en su defecto, el karma le haga confundir la botella de agua con la de lejÃa y pruebe su misma medicina. Evidentemente, sabiendo la historia y por la cuenta que me trae, cuando pasé por aquà mis perros ni se bajaron del coche.
La iglesia de Torrelavega
La segunda ciudad en importancia de Cantabria es Torrelavega (Vegatower, según al Frikipedia), y bien poco la he sacado por aquà porque no sé qué pasa, que no me gusta nada. Escasos monumentos que ver, fábricas enormes (Sniace y Solvay) en la entrada, aspecto de ciudad obrera en franca decadencia, definitivamente no es santo de mi devoción.
Una de las pocas cosas monumentales que ver es la iglesia de Nuestra Señora de la Asunción. No es muy grande, no es pequeña, no es muy bonita, no es fea, tiene ciento y pocos años, queda en medio de un barrio normal y poco más que destacar.

La torre es lo más llamativo. Larga (cincuenta metros de altura), afilada y con esas piedras bicolores como el resto de la construcción.

Como tampoco habÃa mucho más que ver y no se podÃa entrar, me dediqué a los detallitos. Las farolas, modelo estilo “ensarta paracaidistas”.

Y el rosetón, vidiera opaca modelo tablero de aglomerado y chorros de espuma aislante amarilla por todos lados. Quiero suponer que es porque lo estarán restaurando, si no, menuda chapucilla.

Por Aguilar de Campoo
Estos dÃas acaba de pasar por toda España, y por consiguiente también por Cantabria, un temporal de los de frÃo polar. El anterior fue a principio de febrero y pese a las recomendaciones para no coger el coche por parte de las autoridades competentes, uno que es un irresponsable, un irredento y un ceporro integral, se fue en coche con la sana intención de cruzar el puerto del Pozazal (unos mil metros de altura sobre el nivel del mar) en medio de una nevada como dios manda por ver qué se siente en esas circunstancias. Lo cruzamos, pasamos a la provincia de Palencia y por allà nos encontramos un precioso dÃa, como ya habÃa retransmitido en esta entrada porque uno es que no sabe estarse callado.
Si véis la entrada anterior, al final de la última foto se adivinaba un pueblo. Es Aguilar de Campoo, famoso por sus galletas no en vano allá por los noventa habÃa cinco fábricas dedicadas a la faena. Entramos al pueblo, callejeamos un poco, vimos la nieve cubriendo coches y de pronto, fÃjaros qué aparece… virgen santa, carretera, iglesia, castillo, nieve, foto, foto, que me da un pasmo de la impresión…

Con lo que me gustan las alturas y yo sin enterarme que en Aguilar de Campoo tienen un castillo en todo lo alto de una montañita nevada. Y pedazo castillo, le faltarÃa un torreón para completar el conjunto pero tampoco me puedo quejar.

Hay dos maneras de subir, una es acercarse a la iglesia y tomar el camino que parte desde allÃ, la otra es perderse, callejear un rato, ver un camino de tierra entre los árboles y subir por él. A media subida habÃa ganas de mear asà que aproveché la ausencia de otros seres humanos en las proximidades para aliviarme contra un árbol, el cual, en venganza, dejó caer sobre mi un trozo de nieve que ocultaba entre sus ramas en el justo instante de sacudir la última gotita para que como dijo Sócrates y repitió Platón, esa gotita no cayera en el pantalón. Menuda punterÃa que tuvo el jodÃo árbol, parte de la nieve se coló entre el cuello y la camisa con la poca gracia que hace eso. En fin, batallitas de abuelete…

Esto es el interior del castillo, visto desde la puerta de entrada. Un poco soso, lo único destacable además de las murallas es la cúspide de la montañita ahà a la derecha. Roca pura, no me extraña que la dejaran en su sitio y ni se molestaran en quitarla con el trabajo que da y la ausencia de excavadoras en el mundo medieval.

Subido a las murallas, vista del interior con la cúspide en primer plano.

Media vuelta y vista del pueblo con una de las esquinas del castillo justo delante. A lo mejor no deberÃa ejercer de cabra montés saltando en lo alto de murallas de piedra cubiertas por la nieve, calzado con unas botas medio gastadas y las manos ocupadas en sostener la cámara, pero mira, ¿qué serÃa de nosotros si no le damos un poquito de emoción a la vida?

Vista del pueblo, con su iglesia casi en el centro y todos los tejados cubiertos por la nieve. Lo verde arriba a la izquierda es la nave de la fábrica de galletas Gullón.

Por último, foto del acceso “oficial” al castillo, no el que va entre los arbolitos. Desde arriba del todo bajas hasta esa torre aislada, y luego esta maravillosa escalera te lleva hasta la iglesia de la primera foto. Demasiado fácil para mi, me quedo con la otra opción que tiene más miga.

El Partenón campestre
Al rematar una de esas excursiones domingueras me volvÃa para casa a toda mecha por la A-8 cuando cerca de Arenas de Iguña veo a lo lejos una acrópolis griega en medio de un prado. Me quedé alucinado y, evidentemente, me lo apunté para hacer una visita lo antes posible. Primera foto para que se vea que no exageraba ni una pizca: prado, campo, montes y partenón al canto.

Con esa luz rasa invernal lucÃa que no veas, menudo contraste de colores entre el amarillo de la piedra, el verde de la hierba y el azul del cielo.

Para información del público en general, se trata de la Iglesia de San Jorge, en Las Fraguas. La construyeron a principios del siglo XX por interés del Duque de Santo Mauro, estilo neoclásico y copiando a la Madeleine de ParÃs. Hay que reconocer que un cierto parecido sà que tiene pero recordemos que cuando es copiar para bien no es pecado.

La iglesia de Cabezón
Visita dominguera a Cabezón de la Sal, muchas cosas que ver, unas cuántas fotografÃas interesantes, y lo que más me llamó la atención fue la iglesia de San MartÃn, en pleno centro. No precisamente por las formas, que aquà la vista es engañada por la curva de la calle y la distorsión del objetivo haciéndonos pensar que la iglesia es poco menos que esférica, sino por la forma del campanario para empezar. Yo, acostumbrado a las iglesias con torres como agujas o cuadradotas con ventanas, no habÃa visto nunca un tejado como éste con forma de garita.

Vista mas cercana, que para eso inventaron los zooms. Garita con ojos de buey. Ya es raro, ya.

En el exterior otro detalle curioso, las cruces en la pared. Aquà de tres en tres.

Y aquà un detalle de una de las cruces. Hay más alrededor de la iglesia, según parece su conjunto forma un Via Crucis. Yo pensaba que los Via Crucis eran recorridos largos donde habÃa que hacer un esfuerzo para completarlo, pero no, éste debe ser uno especial para vagos porque con rodear la iglesia, prueba superada en dos minutos.

Santa MarÃa de Lebeña
Cruzando el desfiladero de la Hermida y antes de llegar a Potes se puede encontrar la famosa iglesia de Santa MarÃa de Lebeña, con más de mil años de antiguedad y declarada monumento nacional hace más de cien años. ¿De veras la gente que edificó estas cosas no dejó un manual para que más de uno aprenda y no se construyan cosas que veinte años más tarde ya necesitan una reforma en profundidad?

Esta la hicieron en piedra de mamposterÃa y con rasgos mozárabes, algo que viendo el campanario…

…y los marcos de alguna puerta es fácil deducir. Pero bueno, el que quiera saber más cosas que se vaya a la Wikipedia, que es la web de las cosas serias. Abandone toda esperanza aquel que pretendiere encontrar algo más que curiosidades, tonterÃas y frivolidades aquÃ.

Asà que vamos a lo propio, que es convenceros de lo conveniente que resulta leer los cartelitos que ponen en monumentos y lugares relevantes. De no ser por ellos, estas dos imágenes para mi serÃan dos arbolitos que hacÃan bulto por allá y que mejor serÃa que hicieran leña para despejar las vistas.


En cambio, una vez leÃdo el cartelito aprendes que el uno es un tejo milenario derribado por una tormenta en 2007 (culpa de Zapatero, seguro) y el otro un olivo. Ambos dice la leyenda que simbolizan el encuentro entre dos culturas, ya que el olivo es un sÃmbolo cristiano mientras que el tejo es un árbol sagrado para los antiguos cántabros. Manda huevos que nadie haga sagrada la vid, que es de donde se saca el vino…
Para finalizar, una pintada hecha en una de las paredes de la iglesia que a uno le entra pena no hubiera pillado la Guardia Civil al autor y se la hiciera borrar con la lengua. Ahà salen ganando los nórdicos con su dios Thor, a ver quien es el guapito que intenta hacer una pintada en la iglesia sabiendo que de arriba te pueden mandar a mala leche un rayo que te deja hecho un churrasco de primera.

Subida a Peñacastillo (V)
Ay madre, lo de Peñacastillo, que lo tengo abandonado, subà cuando hacÃa calor y acabo de contarlo en pleno mes de diciembre, esto ni es serio ni es ná… hale, un arreón y lo dejamos liquidado, total, si hoy sólo son los restitos de las vistas. Foto una, el Carrefour de Peñacastillo. No sé si serán impresiones mÃas, pero las pocas veces que lo he pisado (entre otras cosas porque odio los Carrefour y sus etiquetas electrónicas cambia-precios-cuando-menos-te-lo-esperas) el porcentaje de personal cani-style era notablemente más alto de lo habitual, asà que lo renombramos Canifour para distinguirlo.

Tócate los pinreles con las urbanizaciones que se ven desde lo alto… recuerdo haber preguntado precios de uno de los adosados de la parte de atrás, entre que no me gustaban mucho, que casi no tenÃan terreno y que eran carÃsimos (más de 350.000 euros), corrimos un tupido velo sobre el asunto. Lo que sà está claro es que algún o algunos constructores hicieron un pastizal aquÃ.

Allá a lo lejos, esa explanada es el aeropuerto de Parayas. No queda en el centro de la ciudad pero tampoco tan alejado como pueda ser el de Peinador o Lavacolla, en cuanto sales del aeropuerto entras en la autovÃa y en menos de cinco minutos estás en el centro. Bueno, ahora con las obras del Centro BotÃn tardarÃas cuatro minutos en llegar a ellas y media hora en llegar al centro, que está quinientos metros después.

Algo bueno del aeropuerto es que si un avión no consiguiera levantar el vuelo, al final de la pista está el mar asà que no serÃa tan grave. Algo malo del aeropuerto es que los aviones despegan hacia el otro lado, asà que casi mejor que todos sean capaces de levantar el vuelo correctamente.
Y por último, la iglesia de Peñacastillo. Salió en la primera entrada y sale ahora también, pero más cerquita. No es que tenga nada espectacular, salvo las vistas desde lo alto, me gusta la forma picuda y el contraste que hace el amarillo con el azul del cielo.

Ya que estaba por allà hubiera querido verla por dentro, pero con tanto robo de patrimonio como está habiendo es raro encontrar una iglesia abierta salvo que esté el cura dentro y eso no es que sean muchas horas al dÃa. Una pena porque antes entrabas, visitabas, procurabas no tocar ni molestar y cuando acababas, te ibas tranquilamente habiendo disfrutado la visita. Ahora, como tantas veces, por cuatro cafres toca jorobarse todos.

Tocándo el órgano
Crea o no crea, siempre que voy a algún sitio donde tienen iglesia entro y echo una ojeada, muchas veces suelen tener cosas de interés como los barcos colgantes, algún cuadro, cúpulas u otros elementos. Silencioso y sigiloso, el Juanito retratador se agazapa entre las columnas y se desliza a la espera de una vÃctima que inmortalizar.

Quizá por ello cuando entré en la iglesia de Potes y vi una persona tocando el órgano pude sacarle fotos tranquilamente sin que siquiera advirtiese mi presencia. A lo mejor también tuvo algo que ver el elevado volumen sonoro del instrumento musical, pero bueno, no dejan de ser meras conjeturas.

Fijaros qué curiosa la forma del órgano. Acostumbrado a aquellos cuyos tubos colgaban de las paredes como en las catedrales de Tuy o Santiago, ver uno tan cuadradote y minimalista me dejó bastante asombrado. Además entre lo bien que tocaba la mujer que estaba sentada a las teclas y ese sonido tan especial que lo llena todo, me quedé un ratito disfrutando de la música. Tampoco mucho que nos esperaba un cocido lebaniego y no era plan comerlo frÃo.

¡¡¡Ya semos modernos!!!