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Basta de frío

A principios de marzo vinieron unos días de calorcito, sol, el cuerpo revivía y empezábamos a pensar que la primavera asomaba su patita por debajo de la puerta. Lástima que sólo fue para ponernos los dientes largos, a continuación otro temporal de frío polar y toma nieve hasta en la sopa.
Señal nevada
Ahora viene Semana Santa y como prólogo, lluvia a manta para crujir de huesos y rechinar de dientes por parte de los hosteleros cántabros, gallegos y de todos los lados. Pues bien, vale ya, nos rendimos, no queremos mas nieve ni más lluvia, queremos que aparezca la primavera de una vez, que con lo feas que están las cosas a nivel económico si por lo menos hace sol, se puede salir a pasear y generar serotonina, las cosas se ven de otro color.

Ah, fijaros qué mala idea tenía el jodío que colocó esos tres cables de la luz fastidiando la vista de un mirador desde el que se ve el pueblo de Matamorosa cubierto de nieve. Debió pensar “seguro que aquí viene el del blog ese con su cámara, le voy a enseñar yo a quejarse de los cables”.
Matamorosa nevada

Surferos y superolas

Durante el mes de febrero se sucedieron los días de lluvia, mal tiempo, frío pelón y temporal en el mar, pudiendo ver imágenes curiosas como ésta. Donde se ve agua, normalmente hay una playita minúscula pero playa al fin y al cabo, con sus piedrecitas y su arena. Esta vez ni piedras, ni arena, ni nada, unas olas de impresión batiendo contra el paseo marítimo y regalándole una buena mojadura a todo aquel que pillara desprevenido.
Ola frente al Chiqui
La existencia de semejantes olas era motivo suficiente para que el Sardinero se poblara de surferos aprovechándose del estado de la mar para practicar su deporte favorito. Y qué más da que llueva, si más de lo que ya están no se van a mojar.
Oleaje en el Sardinero
En otras playas, como la de Somo, pasaba lo mismo aunque al ser playas enormes y no tener una referencia clara del tamaño de la ola no parece tan bestia el asunto. Si queréis esa referencia, pinchar en la foto, por la arena y un poquito antes de dos edificios se ven dos puntos minúsculos. Eso eran dos paseantes. Comparadlos con las olas y así os podéis hacer una idea del oleaje que se vivió por aquí estos días atrás.
Oleaje en Somo

Y si nieva, a la nieve nos vamos

Visto que andamos de temporal de nieve unos días, temporal de lluvia otros, y previsión de bastante agua la próxima semana, llegado el domingo había ganas de hacer kilómetros así que allá nos fuimos a ver cómo estaba el panorama hacia el sur de Cantabria. Normalmente por la zona costera el clima es bastante más benigno que por el interior. Al acercarse a Reinosa el cambio es notable, baja la temperatura ocho o nueve grados y aparece la nieve en abundancia.
Montaña nevada
Como es costumbre, en cuanto puedo nos salimos de la autovía y venga a recorrer carreteras nacionales o comarcales. No sólo se ven muchas más cosas, además puedes pararte a fotografiarlas porque a ver quien es el guapo que echa el freno en la autovía y se pone a sacar una foto en el arcén. Ya se ve que ayer había nieve para dar, tomar y regalar.
Viaducto en la nieve
Lo curioso, y ya me lo habían comentado antes, es que sales de Cantabria, pasas a Palencia o Burgos y vuelve a mejorar el tiempo cantidad. Ya lo comprobé cuando fuimos a Ojo Guareña, lluvia a mares en Santander y sólo nubes en la provincia de Burgos. Ayer tan pronto salimos de Cantabria dejamos atrás “la nube”, ahí se quedaba esperando nuestra vuelta.
La nube cántabra
Fijaros el panorama en dirección Palencia. Menos nieve y un solete que aguantó el resto del día.
Buen tiempo saliendo de Cantabria
Un domingo de lo más productivo. Vimos castillos en lo alto, iglesias, embalses, dimos una vuelta por Reinosa, volvimos con una bandeja de hojaldres de invierno y muchas fotos. Revisando en casa, sólo en enero hice unas mil quinientas. Tras la selección pertinente hay ciento ochenta que saldrán en el blog. Se suman a otras mil seleccionadas y pendientes de 2011 y 2012, así que salvo que me amputen los dos dedos de teclear o a la parienta le entre súbitamente la neura de pedir traslado otra vez (mi particular espada de Damocles), aquí hay cuerda para rato. Y es que por mucho que diga que esto de las dos fotos diarias es una exageración y que voy a reducirlo a una sola, en cuanto me entra el arrebato escribidor me embalo y salen las entradas como churros. Ahora mismito hay 32 programadas, 60 borradores casi listos y casi ochenta fotos editadas, de donde saldrán unas treinta entradas más. Siempre me pregunté cuál era mi misión en este mundo y empiezo a darme cuenta gracias al blog: escribir chorradas sin parar…

Adiós al veranillo

Algún día tenía que pasar y ha pasado, adiós al veranillo que teníamos, adiós a esos días de calorcete al mediodía, se aproxima una borrasca y una semana seguida de lluvia por aquí o nieve en el interior. Digo yo que algún día tenía que pasar, porque eso de estar a veinte grados a principios de año cuanto menos algo raro sí que parecía. Hoy domingo nos acercamos a la zona del Sardinero y tan pronto paraba como salías y volvía a caer un chaparrón enorme, porque una de las curiosidades meteorológicas es que hay más probabilidades de lluvia o caerá mucho más fuerte cuando tengas que salir a la calle o más lejos te encuentres de cualquier posible refugio.

Aquí se ve el aspecto del cielo, ese mar que se vuelve mucho mas verde cuanto peor se pone el tiempo y un par de barquitos al fondo que lo mismo los veías que se ocultaban detrás de una cortina de lluvia.
Nubes de tormenta
Así estaba la playa. Igual de bonita que siempre, con unas nubes que metían miedo.
Playa del Sardinero
Sin embargo no faltaban los surferos de siempre, haga el tiempo que haga allí los tienes practicando su deporte favorito. Total, qué más da que llueva. Más de lo que están seguro que no se van a mojar.
Surferos en el Sardinero

Temporales de abril

Tras una larga temporada de buen tiempo en que todo el mundo decía que tenía que llover, por fin llegó la lluvia y en todo este mes no ha parado, así que ahora tenemos a todo el mundo diciendo que ya podía dejar de llover, o la tan socorrida “mejor que llueva ahora y no en agosto”. Estos últimos días además de la lluvia vino un medio temporal de viento y oleaje así que se repitieron aquellas escenas de diciembre con las olas pasando por encima de la Isla de Mouro, obsérvese la secuencia en tres tiempos:



En otras playas como la de Arnía, las olas también zumbaban de lo lindo, ese puntito anaranjado de arriba a la izquierda es un remolcador.

Pero sobre todo que no se note que como se está tan calentito en casa, en vez de ir a pasar frio y mojarse, tira uno de archivo fotográfico y cuelan como si las fotos fueran fresquitas del día…

Llegó el frío

Avisaban desde ayer que venía el frío en forma de ola de viento siberiano. Hoy me levanté a ver si encontraba el mundo cubierto de blanco y ná de ná, todo igual a cómo lo habíamos dejado ayer por la noche. El termómetro de exterior marcaba cuatro graditos así que me imaginé que sería otro bluff, como aquellos patrocinados por Meteogalicia. Pero no. A eso de las diez empezaron a caer copitos de nieve, que cada vez se fueron haciendo más grandes y más numerosos. No cuajaron porque la temperatura seguía sin ser bajo cero, pero hacía tiempo que no veía nevar prácticamente al nivel del mar, concretamente desde la gran nevada sobre Vigo en 1.987. Aquí tenéis lo que estaba cayendo desde una ventana de casa, porque con el fresquito que hace fuera y lo calentito que se está dentro ni se me pasa por la cabeza salir mas de lo estrictamente necesario.

Peleando contra el temporal

La semana pasada tuvimos temporal que pude contemplar desde la península de la Magdalena. Cuando ya me estaba retirando vi un barco saliendo tranquilamente por la ría camino de mar abierto.

En previsión de que aquello iba a ser un festival me volví corriendo hasta un alto donde tomar unas cuantas fotos más y menudo acierto, porque el trozo de ría que queda resguardado del Cantábrico estaba muy tranquilito, la mar llana, olas suaves y sin problemas para navegar, pero fue asomar a mar abierto y hay que ver cómo cambia el cuento.

Conforme iba recibiendo los embates de las olas, el barco subía, bajaba, se hundía, reaparecía y nos daba un magnífico espectáculo a todos los que estábamos viéndolo.

Para más, en vez de enfilar directamente a las olas que es lo que haríamos los que somos brutos y no sabemos, salió paralelo a la costa con lo que se hartó a recibir enormes olas de costado. A estas alturas de la vida supongo que nadie de la tripulación se mareará, porque con ese movimiento es como para echar fuera hasta la primera papilla.

Gente recia

Este sábado fue el del temporal: viento, granizo, truenos, lluvia, olas, el día ideal para quedarse en casa tranquilamente. El domingo mejoró, dejó de llover y nos acercamos hasta la playa del Sardinero equipados para invierno, es decir, camiseta, camisa, jersey, cazadora de esas que cierran casi herméticamente y te tapan hasta la nariz, guantes, etc. Hacía bastante fresquito y fijaros qué cielo más amenazador.

Un rato más tarde fue abriendo poco a poco, rayos de sol se colaban entre las nubes y un arco iris al fondo certificaba la mejoría.

Curiosamente, como si corrieran una cortina, se fueron yendo las nubes de golpe, hubo un momento en que teníamos la mitad izquierda del cielo despejada y la mitad derecha completamente cubierta.

Alguna vez ya os había comentado que Cantabria está llena de gente recia, impasible ante las inclemencias meteorológicas. Pues aquí tenéis otro ejemplo, tal y cómo estaba el panorama vemos un señor que se aproxima a la orilla del agua, se desviste y hala, a bañarse como un machote.

Al rato no era uno, eran dos, una chica se añadió y aquí los tenéis sin miedo a punto de echarse a nadar. Si intento hacer esto me proclamo ganador por goleada en el sorteo de la neumonía del año.

Día de temporal

Ayer tuvimos un día curioso. Hacía sol, calorcito y un oleaje tremendo por la zona del Cantábrico, presagio del temporal que se avecina hoy. Dentro de la ría de Santander estaba el mar bastante tranquilo pero en cuanto asomabas al Cantábrico, cómo cambiaba el cuento. Unas olas enormes que al batir contra la Isla de Mouro dejaban fotos espectaculares.

Aunque cerraron los accesos a los miradores de la Magdalena, como los cerraron con una cinta de esas de Policía Local, el pueblo llano optó por quitar la cinta en una de las entradas y disfrutar del espectáculo. Como para perdérselo.

Y por mucho que Protección Civil pida que la gente no se acerque al mar, a los acantilados y a las rocas, siempre habrá alguno que ni caso. Si es que estos que van con una cámara son unos irresponsables del copón, os lo digo yo que soy habitual del tema…