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Ni vértices, ni geodésicos

No descubro nada nuevo si os cuento que me encanta fotografiar vértices geodésicos, principalmente por mi desmedida afición a subirme a todo aquello digno de ser subido (no en vano he nacido bajo el signo de la cabra según el horóscopo chino) y porque suelen estar colocados donde hay unas vistas francamente notables, lo cual unido a la afición fotográfica resulta una inmejorable combinación. Para mi sorpresa, he de deciros que aquí en Cantabria aún estoy esperando a ver el primero. Lo más parecido que vi fue esto en una playa de Pedreña:

Dudo mucho que sea un vértice geodésico, porque normalmente desde uno deberían poderse ver otros tres. Este tiene delante un talud y detrás el mar, así que mal asunto aunque por lo menos dejamos abierto el beneficio de la duda.

Más estratos

Ya había comentado hace días de que la costa está llena de estratos, pero según va uno recorriendo más y más costa, más y mas playas he constatado que se trata de una verdadera invasión. Ya no sólo porque el acantilado que baja hasta el mar esté constituido por uno:

Sino porque incluso vas a dar un paseo por la playa y ¿qué surge de la arena? ¿Un cangrejo? ¿Una almeja? No, los restos de un estrato que no sé si habrán emergido o caído del cielo, pero allí estaban plantados. Seguro que hago un agujero en mi jardín para plantar un arbolito y la tierra también está colocada por capas de colores o algo así.

Aviso para ornitólogos

Estimados señores ornitólogos: si están esperando para comer a una especie de gaviota o similar con una anilla en la cual pone “B794 E16″ y un 11 en vertical, casi mejor vayan empezando sin ella porque va a tardar lo suyo en aparecer. El animalico en sí lo encontró mi perro pero en su descargo afirmar que no fue el autor del desaguisado, tiene una buena coartada y testigos fiables de que a la hora de la muerte del pollo él se hallaba en otro lado. Los restos del pajarito reposan ahora en la playa de El Puntal, en Somo y dudo que se muevan mucho de allí salvo oleaje en contra.

Adiós a Neptuno niño

En un peñasco que sobresale del mar en la playa del Camello residía una estatua llamada de “Neptuño niño”. Colocada ahí en 1979, el paso del tiempo y mas concretamente de algún cafre ceporro cada cierto tiempo la había dejado un poco cascada, llena de pintura, sin los dos brazos y sin el tridente que lo identificaba como dios Neptuno. Aquí podéis verla de lejos y a continuación un poquito más cerca.


El caso es que el ayuntamiento pretendía repararla pero el autor, en el mas puro estilo de lo que pasa con la electrónica actual, dijo que aquí no se repara nada, se hace una nueva aunque sale por un precio ligeramente muy superior que la vida está muy achuchada (véase la historia completa). ¿Resultado? Pues nada, se retira la estatua y adiós muy buenas. Ahora hay islote, pero ya no hay estatua. Una pena.

A ver si por lo menos no lo cambian por un adefesio de hierro oxidado, que si juntamos políticos, artistas y dinero público, toda situación por muy mala que sea siempre es susceptible de empeorar.

Explorando en el Portío

El Portío es una playa que me encanta. Cerca de Liencres, lo suficientemente a desmano para que (salvo en verano) casi nunca haya gente y lo suficientemente grande como para que mis perros se aburran a echar carreras, mano de santo porque por la tarde se echan una siesta enorme y están de lo más tranquilitos. Todo perfecto, salvo cuando te encuentras una marea viva y… ¡anda! Casi no queda playa, veinte metros de arena y el resto olas y más olas.

Normalmente aquí el mar está como un plato, pero cuando se cabrea, se cabrea de verdad. Se puede ver una demostración panorámica aquí de lo tranquilo que suele estar.

Hoy precisamente pasé por allí, la marea estaba mucho más baja así que seguido por mis perros me fui haciendo equilibrios por las rocas hasta casi la punta derecha que se ve en la primera foto. Desde allí se veía esto a través de un agujero en la piedra, ni me imaginaba que me fuera a encontrar tal vista. Es más, tuve que sacarlo con el móvil porque cada día estoy mas vago para cargar con la cámara.

A la caza del tesoro

Ya van varias veces que voy a la playa y veo gente recorriéndola con un detector de metales a la búsqueda de sabe dios qué tesoros. Aquí tenéis un caso…

…y aquí otro. Me imagino que como a todos, me pica la curiosidad por saber qué puede aparecer. Si buscaran en la zona de arena donde se ponen los bañistas igual encontrarían alguna moneda perdida, quizá un anillo, quien sabe, pero buscando al lado del agua ¿qué es lo que puede acercar el mar? Los restos de los galeones de Rande seguro que no, ¿serán los restos de la Armada Invencible?

Por si alguno estáis interesados en los naufragios en el litoral de Cantabria, aquí hay un artículo bastante interesante sobre el tema.

Estratos

Salvo honrosas excepciones, las playas cántabras no suelen ser largas extensiones de arena sino más bien calas entre acantilados o entre masas de rocas, que más de una vez son estratos girados y machacados por el mar, dejando al descubierto las mil líneas que los componen.

Y claro, allí me voy con la cámara, allí me hincho a sacar líneas, líneas y mas líneas, con sus colores variados y sus piedras redonditas por el medio.

Todas estas se pueden ver en unas rocas situadas cerca de la primera playa del Sardinero, pegadito a la zona de la Magdalena, aunque apuesto que vayas a la playa que vayas seguro que se puede sacar algo similar.

Futboleando

Que esta gente está hecha de otra pasta diferente a la mía lo tengo cada día más claro. Tras varios días de lluvia fina y cielos grises, este domingo tuvimos una tregua y nos acercamos a la playa. Sol, nubes y un viento frío que congelaba las ideas, así que fuimos vestiditos más o menos como para conquistar el polo sur. Una vez allí vemos a lo lejos un tropel de gente yendo y viniendo. Leches, ¿y eso qué es? Allá vamos…

Ni más ni menos que un partido de fútbol en la arena. Un montón de valientes corre que te corre detrás del balón inasequibles al desaliento e impertérritos ante la corriente de aire congelada.

Me imagino que quien peor lo pasaría es el portero, paradito a la espera de jugadas en su área. Aproveché también para retratarlo porque entre la arena, el cielo y las nubes se notaba que la foto cuanto menos iba a ser bien colorida, y eso que la saqué con un móvil cuya cámara es de todo menos buena.

Iba yo pensando lo calurosos que son estos cántabros cuando a lo lejos veo salir del agua una chica en bikini. Casi se me caen los ojos al suelo, eso sí que es valor y el resto que se aparte…

Los números no son infinitos

En matemáticas se cumplirá que los números son infinitos, pero en cuestiones telefónicas os puedo asegurar que no. Uno, en su tierna inocencia, suponía que cuando le pides una línea a Telefónica te asignaban un número nuevo sin uso previo. Pues no. Ya en Tomiño pude comprobarlo, nos adjudicaron uno que anteriormente había pertenecido a una carnicería y el dueño era un pufero. Volvías a casa y lo mismo te encontrabas un mensaje en el contestador con un pedido de no sé cuántos kilos de churrasco y chorizos criollos para el fin de semana que otro de un banco pidiendo que contactaras con ellos urgentemente o, en su defecto, les pagasen no sé cuántas cuotas pendientes.

Al venirnos aquí cambiamos de número, ya que de una a otra provincia no los mantienen. Tras toda la aventura del alta, unos días después cae el primer mensaje de los de Orange pidiéndole a un tal Diego que les pague la factura del teléfono móvil. Pues sí que vamos bien…

A todo esto, ¿y para este asunto qué foto puedo poner? De teléfonos no tengo ninguna, un poste telefónico tampoco, pues mira, os cae una de mi perrita jugando en la playa. Cada vez que la suelto busca una piedra, se pone a escarbar alrededor, a izquierda, a derecha, fijaros cómo acaba la arena. Como se entretiene y me sale gratis, yo feliz.

El baño de primero de año

Empieza bien el año, mañanita de sol, con lo cual todo el mundo se echa a pasear por la calle y unos cuántos se bajan a la arena del Sardinero para estrenar la playa desde el día uno. Un servidor secundó la idea y un ratito después de la foto estaba caminando tranquilamente por la orilla mientras me aireaba la brisa marina.

Otros, mucho más atrevidos y valientes no dudaron en meterse al agua en la playa del Camello. Bueno, sí dudaron un poquito pero al final se metieron que es lo que cuenta. Un servidor, con su camiseta, camisa, jersey y cazadora, ni borracho secunda mociones similares porque para morir de una pulmonía siempre hay tiempo y nunca prisa.