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Playa de La Salvé

Cuando pasamos por Laredo y aprovechamos para dar una vuelta por el paseo marítimo, la forma curva de éste y una duna de arena que tapa bastante las vistas no permiten darse cuenta de las dimensiones reales de la playa. Notas que es grande, pero al no verla completa tienes que imaginártela. Cuando por fin supe lo que medía fue el día que nos acercamos a ver el edificio más feo de toda la zona. Feo sí, pero con unas vistas que tiran para atrás, tanto del puerto como de esta enormidad de playa.
Playa de La Salvé en Laredo
Según parece mide más de cuatro kilómetros. Además tiene el noroeste, que es por donde llega el mal tiempo, tapado por el monte Buciero. No me extraña que Laredo fuera en sus tiempos una especie de Benidorm a lo cántabro, aunque a día de hoy es una especie de Bayona: la marabunta en verano y cuatro pelagatos en invierno.

Por la visita de los Reyes

Este es un monumento que me tiene asombrado. Está en Laredo, al lado del paseo marítimo. Un pedestal, una columna, y su placa correspondiente.
Columna conmemorativa
Según dice la placa, fue puesto conmemorando la visita de los Reyes (supongo que pondrían los elefantes a buen recaudo, por lo que pudiera pasar) a la villa en 1984. La columna… ¿y ya está? ¿No hay nada más? ¿No tenían pensado poner nada encima de la columna? Un jarroncito, un angelote, un ánfora… No sé, no sé, igual es el estilo de monumento que se llevaba por aquellos años, pero bueno, hoy queda cutre, cutre…
Placa de la columna

Una ventana diferente

Mientras buscábamos cenatorio en Laredo con unos amigos para darnos un homenaje de esos que tanto me gustan y acaban saliendo retratados aquí mismo plato por plato, subimos hasta la Iglesia de la Puebla Vieja para disfrutar de las vistas y llegando allí se me encendió la lucecita de “ojo al parche” en una transversal. De refilón había visto algo pintado en una ventana, algo pintado que resultó ser el retrato de una mujer vestida con un traje de hace años, que no sé si muchos o pocos, con sus florecitas y su reja.

Quise sacarla más cerquita, pero sólo llevaba la compacta y flash más fondo negro brillante es igual a chapuza segura. Sin flash y fondo negro brillante igual a foto movida segura. Flash sin flash negro color brillante es igual a dolor de neuronas intentando entenderlo, por eso las cámaras no implementan esta opción. También me doy cuenta que podía haberme movido un poquito a la izquierda y sacar mayor parte de la cara en la foto, pero el estómago iba rugiendo y a ese casi mejor no contrariarle ni hacerlo esperar mucho.

Batalla de las flores

Para los fiesteros, se hace saber que el próximo viernes se celebra la batalla de las flores en Laredo, carrozas decoradas con flores y pétalos, mercadillos, charangas y fuegos artificiales. Si ya de por si el pueblo es de buen comer, una buena fiesta bien merece pasarse por allí. Como uno anticipa, en Laredo estuvimos este jueves y mucho me llamó la atención ver plantaciones tamaño grandote de flores amarillas y anaranjadas a la salida del pueblo. Ahora ya sé para qué son.

Como curiosidad, la primera fiesta fue en 1908 que ya ha llovido desde entonces. Si queréis saber más, o bien la web propia de la fiesta, o la web del ayuntamiento.

Iglesia de la Puebla Vieja

Laredo, en la zona este de Cantabria, tiene dos partes claramente diferenciadas: una playa kilométrica (la Salvé) con los típicos edificios puestos al ladito del paseo marítimo en plan aquí-como-en-benidorm y la zona antigua, también llamada la Puebla Vieja que está declarada como conjunto histórico-artístico. Empieza casi a nivel del mar y sube, sube, sube, todo en cuesta como está mandado para acabar en un recinto amurallado con muy buenas vistas. A su lado está la iglesia de Santa María de la Asunción, que viene siendo ésta.

Está bien, es bonita y todo eso, pero lo que me llamó la atención fue ¡otro barco colgado del techo! Como en La Lanzada. Como en el Santuario de Nuestra Señora de las Ermitas. ¿Será esto una moda como lo del shoefiti?

A quién corresponda: por favor, en estos casos coloquen un cartel contando de qué va el asunto del barco, que ya es el tercero que encuentro sin una explicación a su presencia y la curiosidad cada vez pica más.

El casi puerto de Laredo

Bien, hoy volvemos a Laredo para retomar un tema que había dejado pendiente desde otra entrada. En los años buenos de la economía, aquellos en que pensábamos que España era un país rico de la Champions League y tanto podíamos atar perros con longanizas como hacer aeropuertos sin aviones o AVE’s sin pasajeros, decidieron hacer un puerto deportivo en Laredo que costó noventa millones de euros. Inaugurar, se inauguró (porque un político no se puede resistir a estas cosas), con pasacalles y fuegos artificiales incluidos, pero por follones administrativos-económicos sigue el tema parado y sin un mal barco allí amarrado.

Pero ni uno, oiga, instalaciones perfectas, todo tan impecable como vacío. Y jodida está la cosa, que con el tsunami que se ha llevado la construcción por delante dejando a tantos y tantos sin pasta para el Cayenne ni para el yate, no son pocos los barcos a la venta o los que se retiran del agua porque no pueden pagar el alquiler del amarre ni el mantenimiento.

Lo bueno es que también han montado un nuevo espigón que nos viene de miedo para hacer kilómetros al aire libre. Saqué dos versiones de la misma foto, la horizontal…

…y la diagonal, que no tengo muy claro cual me gusta más. Supongo que a la gente le gusta menos la diagonal, porque hay más inclinación y les costará más subir.

Noticia de última hora: según parece, hay hay UN barco, junto con el de la empresa constructora. Enhorabuena al afortunado, al que podían darle una medalla por lo menos para conmemorar el feliz acontecimiento. La noticia, en el Diario Montañés.

Perder el nivel

“Perder el nivel” es conocido por mi, por mis allegados y no sé si por alguien más, como aquella situación en la que tras la notable ingesta de líquidos espirituosos de elevada graduación, a uno le cuesta ciertos esfuerzos mantener la verticalidad habitual. Hace un par de sábados nos acercamos a Laredo para presenciar un evento relacionado con la desmedida afición de mi parienta a la ropa durante el cual, dado que tengo cámara y hago como si supiera usarla, fui esclavizado y obligado a realizar tareas de fotógrafo profesional cuando lo mío es la foto dominguera, jocosa y sin ambiciones. Allá cada cual con la calidad que busque para sus reportajes, pero bueno, se hizo lo que se pudo y al final tan mal no salió (principalmente por lo impresionante de las modelos, yo sólo apretaba un botón, que como todo el mundo sabe es lo único que hacen los fotógrafos).

El caso es que el evento finalizó a unas horas totalmente intempestivas, algo así como las tres y media de la tarde, con lo cual nos hacíamos a la idea que nos quedábamos sin comer o habría que hacerlo de sandwich, plato combinado o similares, que bueno, tampoco le vamos a hacer ascos pero para un domingo de lucimiento apetecía darse un homenaje. Vimos abierto “Casa Cachupín”, preguntamos si estábamos a tiempo de comer y muy amablemente nos respondieron que mientras la cocina estuviera abierta, sin comer no quedaríamos. Comedor elegante, mesa muy bien puesta, atención exquisita por parte de una camarera joven y amabilísima, primer plato compuesto por una capa de rodajas de tomate, una capa de pimientos rojos, una capa de anchoas y aceite, más simple imposible pero para chuparse los dedos. De segundo plato unas carrilleras es-pec-ta-cu-la-res, carne sabrosísima y blandita que casi se deshacía al tocarla con el tenedor, patatas fritas y en una salsa como para empezar a mojar pan hoy y acabar mañana. Flan de café para rematar la faena y un cafecito. De todo esto nada se sube a la cabeza, quien si lo hizo fue la botella de Ribera del Duero que nos soplamos (porque comer así bebiendo agua debería ser motivo de excomunión) y gracias a lo cual a la hora de sacar foto del restaurante no me di cuenta que la casa, la calle y el resto del mundo se encontraban ligeramente inclinados, como se puede apreciar.

Lo curioso es que si todo esto lo pides según carta se te va la comida a una pasta, pero ahora todos los restaurantes prácticamente se están apuntando a lo de los menús a precio fijo y éste salía por veintidós euros cada persona (en este caso más el vino porque había antojo y nos salimos del que estaba incluido). Dos horas, dos, de paseo por la playa de Laredo para recuperar las condiciones mínimas y volver a ser persona…

El túnel de Laredo

Paseando por una esquina de Laredo nos fuimos a encontrar con la entrada de un túnel. Como a mi esas cosas me gustan lo suyo, allá nos vamos para dentro.

Perfectamente acondicionado, éste es el aspecto del interior. Agradecimientos mil al estabilizador del objetivo que me evita la foto movida.

Tremendo portón a la salida, un pasito más y ya estamos.

Y esto era lo que había al final, un mirador desde el que ver tranquilamente el mar y un cabo justo enfrente del que no me sé el nombre pero puede ser Punta Sonabia.

Curiosamente, sobre el portón anterior había una figurita de la virgen acristalada y bien protegida. El mar estaba tranquilito y daba con ganas en la pared del mirador, no me quiero ni imaginar la que podía montar un día de temporal.

Desembarcando en la playa

Mientras paseaba por la enorme playa de Laredo vi un curioso sistema de transporte. Un pequeño barco similar a los de pesca procedente de Santoña se acercaba a la orilla, pero acercarse hasta casi tocarla. Aquí tenéis foto del momento en cuestión.

Una vez el barco estuvo lo mas cerca posible desplegaron una escalera metálica, bajaron un par de personas y el barco se retiró para volver al puerto de enfrente. Acostumbrado a ver estas cosas con ferries o transbordadores me dio la impresión que hacían lo mismo pero con un pesquero modificado.

Si vemos en el Google Maps, la idea no es mala porque desde Santoña a la punta de enfrente la distancia es mínima y si hay que hacerla en coche menuda vuelta tienes que dar. Supongo que en verano tendrán muchos más pasajeros porque lo que es en otoño iba casi completamente vacío.