En un poblado cántabro (I)

Cuando pasé visita al Castillo de Argüeso vi allí al lado unos carteles anunciando un “Poblado cántabro”. Ibamos cansados, era tarde así que lo dejamos para la siguiente vez que pasáramos por allí. Total, me imaginaba que sería algo así como un centro de interpretación: muchos carteles para leer, muchas letras, poco interés, etc. Ya os lo anticipo, me equivoqué de cabo a rabo. Este fin de semana pasado aprovechando que estaba al ladito fuimos a verlo. En Argüeso está el cartel que indica la dirección del poblado cántabro. Enfilamos, la carretera se convierte en un buen tramo de camino de tierra y piedras.
Camino hacia el poblado cántabro I
Y estiércol, que con la cantidad de vacas que pastan a los lados de la pista, buenos montes de estiércol se ven también.
Estiercol junto al camino
Debimos llegar en esa época en que nacen las crías de media manada porque aquello estaba lleno de terneritos. Ya se sabe lo que pasa, foto, foto, otra foto, y no me bajo a jugar con ellos por el tamaño de la madre y sus cuernos, que sino allá me iba directamente.
Vaca y ternero
Un buen rato después llegamos aquí, a lo que se supone es un parking pero no deja de ser un simple trozo de campo llano a un lado. Allí quedó el coche y nosotros seguimos andando.
Parking del poblado cántabro
El poblado a trescientos metros decía la señal anterior… no sé que sistema métrico usan estos cántabros, pero casi unos diez minutos tardamos en llegar y en ese tiempo garantizo ante notario que recorro más de trescientos metros aunque sean en subida.
Camino hacia el poblado cántabro II
Por fin aparece la puerta del poblado cántabro. ¿Qué nos esperará dentro?
Puerta del poblado cántabro
Entramos. Echamos una ojeada. Un par de cabañas a la izquierda y un montón de huesos puestos en círculo. ¡Ay madre que aquí se comen a los visitantes!
Cabaña de información y huesos
Falsa alarma… son huesos de animales, supongo que caballos, vacas, ovejas y demás. Craneos humanos por suerte no vi ninguno así que dejé de temer por mi integridad física.
Calaveras que me miran
Arriba a la derecha otras tres cabañas iguales y una más a la izquierda, que se sale de plano. No importa, ya sale una foto bien maja con estas tres unifamiliares y los repollos en primer plano.
Otras tres cabañas
En el suelo unas piedras dispuestas en semicírculo, quien sabe si para una adoración al sol o para el sacrificio humano del primer hombre con cámara y poco pelo que entre ese día por la puerta…
Piedras junto a la entrada
Y ahora sin bromas… vaya sorpresón que me llevé con este poblado. Se acercó a recibirnos una chica (Alicia) encantadora que nos fue explicando todo. Cuatro euros por visitarlo, diez si quieres hacer alguno de los talleres que ofrecen. Las piedras de la foto anterior forman parte de un taller en el que enseñan a hacer pan, primero hay que molerlo y esas piedras son molinos primitivos en los que moler trigo a mano. El poblado cántabro es un proyecto autogestionado, es decir, todo esto lo llevan entre 4-6 personas, no reciben subvenciones y viven de lo que cobran por entrar o las cosas que venden. Empezaron en 1995 y me parece un verdadero milagro que sigan así a día de hoy. En la visita de cuatro euros y una hora de duración muestran cómo era un poblado, como vivían, cómo se hacían las casas, un montón de instrumentos (hachas, espadas, piezas de orfebrería, etc), todo está pensado para tocar, probar, experimentar, sentir lo que sentían los cántabros hace dos mil años… vamos, que me dejó alucinado. En la siguiente entrada os iré mostrando unas cuántas cosas del interior, pero si pasáis cerca no os lo perdáis porque merece muy mucho la pena. Si váis con niños veréis cómo lo disfrutan mucho más. ¿Mas información? En su blog, o en su Facebook.

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