Hondarribia

De vuelta de una de las varias excursiones al sur francés hicimos parada en Hondarribia, la ciudad situada justo frente a Hendaya en la desembocadura del río Bidasoa que hace de frontera entre España y Francia. No es la primera vez que pasaba por allí, pero entre la vez anterior y ésta median casi veinticinco años de diferencia y sólo recordaba un par de cosas. La primera, un frente marítimo (aunque en realidad es el río) con puerto pesquero y una plaza llena de casas típicas vascas reconvertidas en bares.
Hondarribia en 1991 (I)
La segunda es haber visto un encierro en el que se dedicaban a marear a un toro al que le habían colocado unas protecciones en los cuernos para que no hiciera daño si pillaba a algún mozo del pueblo. Finalmente lo arrastraban al agua con una cuerda, de donde salía nadando. Yo, contemplando alucinado el entretenimiento y la soltura con que el personal manejaba al bicho, se le cruzaba por delante, lo esquivaba y se lo pasaban de miedo.
Hondarribia en 1991 (II)
Con estas ideas venía yo en la cabeza y, claro, me llevé un sorpresón al ver en lo que se había convertido la ciudad. Donde estaba el puerto pesquero ahora hay un paseo y un montón de edificios construidos posteriormente a mi primera visita.
Frente marítimo de Hondarribia
La plaza que antes quedaba justo delante del agua ahora queda en un interior, encajonada por los edificios nuevos. Sigue siendo de bares y chiringos, pero con aspecto más actual.
Calle de los chiringuitos
Lo que no ha cambiado es el casco viejo, en lo alto de una colina, con esas casas colgando y la iglesia de Nuestra Señora del Manzano en el centro.
Casco antiguo de Hondarribia
Lo que sí ha cambiado es la forma de llegar allí, ahora mucho más fácil a cuenta de un ascensor de diseño moderno y minimalista con mirador incorporado.
Ascensor de subida al casco antiguo I
Ascensor bastante similar a uno que recuerdo haber visto en Ribadeo y seguro hay otros cuantos de factura similar por estos pueblos del norte. Antiguo o moderno, el caso es que facilita un montón la tarea de llegar al casco antiguo sin cansarse subiendo escaleras, algo que siempre es de agradecer.
Ascensor de subida al casco antiguo II
Por supuestísimo que nos hicimos recorrido por esas callejas fotografiando todo lo fotografiable, pero lo dejaremos para otro día…

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