La mina Pepita

Alguna vez ya he comentado que los alrededores de El Astillero están llenos de antiguas minas, incluso el parque de Cabárceno son los restos de una mina de hierro. En pleno centro de Solares tienen otra con un nombre pintoresco… la mina Pepita.
Cartel de la mina Pepita I
En vez de dejarla abandonada la han reconvertido a parque y por allí pasé hace unos días. A la entrada, un par de carteles cuentan la historia de la mina y un plano de los recorridos que se pueden hacer por dentro.
Cartel de la mina Pepita II
También hay una peana expositora hecha con un trozo de árbol sobre la que descansa un pedrusco rico en mineral de hierro, de ahí ese color rojizo. Si esto fuera una antigua mina de oro seguro que no dejaban ahí puesta una pepita de semejante tamaño.
Mineral de hierro
Los caminos que recorren el parque han sido bautizados, al que sale hacia la derecha le ha tocado por nombre “la senda de los susurros” y detrás está una figura de lo que pensaba sería un gnomo gigante pero visto que sólo tiene un ojo habrá que incluirlo en el censo de cíclopes cántabros.
Entrada e indicador
No es demasiado grande el parque, en un cuarto de hora se recorre bien de punta a punta. Tiene caminos normales y otros que cruzan entre las piedras verticales.
Paseando entre las piedras I
Y no es que sean pequeñas precisamente, unos cinco o seis metros de altura tendrán, aquí podéis compararlas con otra pareja de paseantes dedicados a la misma faena que yo.
Paseando entre las piedras II
Lo de algunos árboles es increíble. Alucino a veces cuando ando por las montañas y veo una higuera saliendo de una rendija miserable, lo mismo que pasa con este árbol. Entre dos piedras debieron juntarse unos restos de tierra, allí cayó la semilla y allí mismo salió hasta convertirse en lo que véis.
Arbol nacido entre las piedras
Este tiene dos ojos así que lo encuadramos en el grupo de gnomos barbudos que tocan la flauta sentados en una esquina.
Gnomo flautista
De un tronco viejo, con ganas y paciencia sale otro ser mitológico con brazos como el inspector Gadget.
Muñeco en la esquina del parque
Aunque el parque no tiene ni un año, ya empiezan a notarse las huellas del paso de la gente. Huellas con forma de barbas rotas, manos agrietadas y demás “cariños” del personal a las estatuas.
Desperfectos en el muñeco
En el parque hay senderos, árboles, atajos, un pequeño lago e incluso ¡el muro de los deseos!
Muro de los deseos I
Ya véis cómo a un simple muro de contención se le puede dar una capa de glamour y transformarlo en el auténtico autentiquísimo muro de los deseos. Si se lo creerá la gente que incluso habían dejado peticiones entre piedra y piedra, o una pegada directamente a ver si así tiene más efecto.
Muro de los deseos II
Pues ya véis más o menos lo que hay. El parque no es algo espectacular, no es algo que vaya a traer visitantes de todos los rincones de España pero para entretenerse una tarde o llevar a los niños vale perfectamente.

3 comentarios Escribir un comentario

  1. Pues tenéis toda la razón. No caí en que pudiera ser el Ojáncanu, con eso de que es un monstruo malo, fiero y vengativo, y en cambio el del parque parecía tan bueniño, no los asociaba.

    Tiene delito porque incluso me creé un archivo llamado “Leyendas” donde voy apuntando todas las referencias mitológicas de las que me entero por si algún día toca escribir algo sobre ojáncanos, anjanas, trastolillos, trentis, culebres, enanucos o incluso el pajús de Comillas… 🙂

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