Prototipos de cosas inútiles

Este es el relato de otra de esas sesiones para culturizarme que me pego recorriendo museos y salas de exposición, aunque a veces me pregunto si no será mejor irme de bares o a pegarle patadas a un balón porque seguro que le saco más provecho. Veamos. Me voy al Museo de Arte Contemporáneo. Hay una cosa expuesta que se parece mucho a eso… a una cosa.
Prototipo de cosa inútil
¡Vaya! Por una vez coincido con la opinión del autor y el nombre hace justicia a lo expuesto…
Cartel de la cosa inútil
En otra esquina un montón de platos, unos enteros y otros rotos, con la efigie de Fernando VII. Epatado me hallo francamente.
Fernando VII por los suelos
Visita al Palacete del Embarcadero donde se puede ver una exposición llamada “En torno a la Escuela de Altamira”. Esperaba encontrar bisontes y esas cosas que pintaban los altamireños pero no, había una serie de inventos inenarrables en la contemplación de uno de los cuales os dejo. Sin palabras, oiga.
Otra cosa más
Pero lo más de lo más de lo más fue en la exposición de Sol Lewitt que se puede visitar en la Fundación Botín. Unos dibujos lineales pintados en las paredes y un cartel explicativo que me ha causado una esguince de neurona con muy mal pronóstico. Leedlo, pero despacito no os vayáis a herniar mentalmente.
Cartel de una obra de Sol Lewitt
Lo sé. Lo reconozco. Artísticamente soy un cateto por no saber captar el trasfondo artístico de todos estos elementos. Qué le vamos a hacer si el día de reparto de cerebros a dios se le cayó el que me iba a poner a mi y quedó medio espachurrado. Es lo que me toca, sufrirlo y sobrellevarlo como buenamente se pueda.

2 comentarios Escribir un comentario

  1. Lo de SolLewitt lo venden como lo más de lo más en las exposiciones de Santander de este verano, y es verdad que te produce dolor de neuronas. Cuando yo estuve había cerca una visita guiada, por lo que ponía la antena de vez en cuando, y daba vergüenza ajena escuchar las tonterías que tenían que inventarse para vender el producto. Vale que es visualmente aceptable (no como otras, que ni siquiera eso) pero llegas a la conclusión de que lo único importante en arte moderno es saber venderse y hacerte un nombre. Y luego a vivir del cuento. Y en este caso más aún, porque las obras no eran suyas, eran reproducciones y estaban concebidas para tal fin, que cualquiera las pueda reproducir.

    • 100% de acuerdo, en el arte moderno da la impresión que o tienes “padrino” o la llevas clara. 🙁 Lo de Sol Lewitt por lo menos son murales que aunque repetitivos, se dejan ver. En cambio lo del palacete del embarcadero o lo que suele pasar por el MAS… madre mía… 🙂

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