Claustro e iglesia de Santillana (II)

Paseando por el claustro de la colegiata de Santillana del Mar me había quedado en la entrada anterior, y paseando por el claustro empezamos esta. Con lo que me gustan los canecillos y mira tú qué exposición más completa tienen aquí dentro.
Piedras y figuras talladas
No sé porqué… pero me encantan. Será porque cada uno es diferente al anterior y de todos sacas una historia. Este por ejemplo, un lobo comiéndose la cabeza de un paisano que, a juzgar por su cara, poca gracia le hace el asunto.
Figuras talladas I
Otro más, no sé bien si es un hombre tocando el arpa o el arpa se ha caido y ha encajonado al pobre músico contra la pared.
Figuras talladas II
Debían ser épocas de hambre aquellas en que hicieron los canecillos, ¿cómo si no se explica lo de este hombre comiéndose su propio pie?
Figuras talladas III
Así que ya véis por dónde viene mi afición a canecillos, gárgolas y toda estatua poco convencional. Seguí caminando por el claustro, ojeando otras cosas hasta que una hilera de sarcófagos me dirigió hacia una puerta abierta a través de la cual se entra a la iglesia. Allá vamos.
Entrada a la iglesia
Pedazo retablo tienen en el altar principal, repleto de dorados y figuritas. En las columnas, por la parte de arriba, dos filigranas de forja con dos estrellas y dos muñequitos sentados en la punta.
Altar y retablo de la iglesia
Delante del altar encontramos la tumba de Santa Juliana de Nicomedia, la pobre turca que se apuntó al cristianismo así que su señor padre se mosqueó, la torturaron y dado que no quería renunciar, optaron por cortarle la cabeza. Para que se quejen los niños de ahora si les cae una bofetada cuando hacen alguna faena, menuda se las gastaban por aquellos entonces. Los restos de Santa Juliana parece ser que fueron a parar a Cantabria hace mil años y donde fueron enterrados pasó a ser Santa-Iuliana primero y Santillana después. Del mar, más concretamente.
Tumba frente al altar
¿Véis porqué ando siempre tan atento a canecillos, columnas y esquinas? ¿A quien se le ocurriría poner dentro de una iglesia un muñeco echándonos la lengua por debajo de una barandilla?
Detalle de la columna
En una estancia aparte se pueden ver (pero de lejos, que hay verja por medio aunque no salga en la foto) un montón de asientos y un par de libracos sobre sus atriles correspondientes, de esos libros antiguos con páginas de pergamino que si me descuido sólo se ven en lugares como éste.
Libro en exposición
Dentro de unos días veremos otra serie de detallitos en la tercera y última entrada, hasta entonces que ustedes todos se lo pasen bien.

2 comentarios Escribir un comentario

  1. Eu tamén son un tolo dos canzorros e gárgolas. Que sorte telos a dous metros da cámara e non nesas alturas do demo que non hai zoom que os alcance.

    • Anda, mira, no sabía que a los canecillos se les llamaba Canzorros por ahí, otra cosa más que aprendo hoy. 😉

      Así a esa altura son fáciles de fotografiar, pero en la siguiente entrada verás cómo también había de los tradicionales en lo alto del tejado y bien chiquititos que salen.

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