Varias cosas me llamaron notablemente la atención en el viaje a Lanzarote de julio pasado. Una la diferencia horaria. Salimos de Santander un sábado a las 21:50 y llegamos a Lanzarote a las 23:55, dos horas y cinco minutos de viaje. En cambio para la vuelta salÃamos de allá a las 17:25 y aparecÃamos aquà a las 21:25… eso si no hago mal las cuentas me salen cuatro horas… ¿cómo es posible? ¿Cogen algún atajo a la ida? ¿Acaso volvemos pasando por Islandia? ¿Será que al ir vamos por el globo terráqueo hacia abajo, mientras que a la vuelta vamos hacia arriba que siempre le cuesta más al avión? Pues no señores, no, el asunto es esa hora de menos que tienen en Canarias. A la ida salimos a las 21:50 hora española y llegamos a las 23:55… hora canaria o 0:55 hora española, y viceversa para la vuelta. Una tonterÃa, sÃ, pero que me hizo gastar un buen rato de neurona cuando vi los horarios de los billetes. Cuando exista un avión hipersónico capaz de hacer el trayecto entre la penÃnsula y Canarias en menos de sesenta minutos llegaremos a una hora anterior a la de la salida. Mola, ¿eh?
Otro asunto. Comparad los paisajes en estas dos fotos. Casi no se nota la diferencia entre una isla volcánica semidesértica y Cantabria, que llueve lo suyo y está todo verde.
Los más avispados os habréis dado cuenta que ese monte que se ve al fondo es el Buciero, que está pegadito a Santoña. Y esa es otra de las cosas que me hizo pensar. El avión no viene directo a Santander, se fue hasta Santoña, allà dio un giro de noventa grados y enfiló el aeropuerto para ir descendiendo suavemente y aterrizar unos minutos después. Menuda vueltecita se dieron de unos treinta kilómetros en lÃnea recta.
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