La invasión del óxido

Si es que est√° por todos los lados, oiga, qu√© fiebre le habr√° dado a creativos y creadores desde hace a√Īos para usar por todo el mundo este material tan horripilante en sus obras, ese color marr√≥n oscuro fe√≠simo, esas huellas que deja en el suelo en cuanto llueve un poco… y ni en sitios tan finos y elegantes como Biarritz se libran. Fijaros qu√© rinc√≥n tan bonito y fotog√©nico, la Place Bellevue.
Mirador en Biarritz
Pues nada, que ya han tenido que plantar un mamotreto de hierro oxidado en un lugar con unas vistas as√≠ de privilegiadas. Se√Īor, se√Īor, ilumina sus mentes y haz que la gente perciba finalmente lo feos que son estos armatostes.
Escultura en el mirador
M√°s de uno me odiar√°, me llamar√° cateto (que lo soy), ignorante (que no lo niego), ceporro (tampoco) y mil cosas m√°s ya que se trata de una obra de arte de Jorge Oteiza, autor entre otras cosas de ¬ęla monja charlando con E.T.¬Ľ de San Sebasti√°n o la ¬ęVariante ovoide¬Ľ de Bilbao. Muy art√≠stica, s√≠, pero a mi dame vistas y qu√≠tame todos los artilugios oxidados de delante.
Vistas de Biarritz

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