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Ría de Tina Menor

Uno de esos días, tras una dura jornada dominical de no hacer nada productivo por España y recorrer kilómetros al libre albedrío de la neurona coja, aquella cuya mayor habilidad es una asombrosa capacidad para perderse en cualquier situación por sencilla que parezca, enfilábamos la vuelta a casa desde la frontera con Asturias cuando se me ocurrió que porqué no improvisar y darse una vuelta por una pequeña carreterita que me tenía muy buena pinta. Se trata de la CA-380, esa en amarillo que pasa por Pechón. Empezamos por la parte derecha, principalmente por la cercanía de ese simbolito que presagia buenas vistas.
Rías de Tina Mayor y Tina Menor
Gran acierto, porque el panorama lo merece. Al principio se atisba la desembocadura de la ría de Tina Menor, llamativa con esas dos montañas cayendo hacia el agua, ese arenal en medio…
Ria de Tina Mayor II
…y una especie de praderas por la derecha, fuera de la foto. Fijaros a qué me refiero, una gran extensión de matojos como éstos que seguramente al subir la marea se quedarán sumergidos. Como no sea para que pasten los caballitos de mar y las vacas marinas, no sé para qué servirán.
Ria de Tina Mayor I
Serpentea y sube la carretera hasta un mirador cuyas vistas compensan con creces el esfuerzo realizado para llegar allí cómodamente sentadito en el coche. Particularmente me recordaba alguna en las rías altas gallegas, no sé si la del Barquerou u otra cercana a Viveiro.
Ria de Tina Mayor III
Al pie de una de las montañas luce un arenal que teniendo una barquita puede convertirse en una playa privada de primera categoría. Habrá que venir a echar una ojeada en verano para comprobar si se llena como el Sardinero o sigue tan poblada como en la foto. Bueno, realmente habrá que volver en verano porque entre el día chuchurrío que había y que el sol ya se había ido hacía un rato me salieron unas fotos bastante patéticas (marca de la casa), y aquí hay para sacar un par de buenas panorámicas por lo menos.
Ria de Tina Mayor IV

Navegando por la bahía

A finales de junio los de El Diario Montañés pusieron en su web Oferplan la posibilidad de hacer un recorrido por la ría santanderina por tres miserables euritos. Normalmente cuesta 9.50 euros, que tampoco es la ruina de nadie, pero que te lleven una horita en barco por la ría asoleándote ricamente con chófer como los señoritos por tres euros es un verdadero regalo.

El servicio de barcos es a cuenta de Los Reginas, la empresa que lleva aquí todo el transporte de ría.

La salida es desde el Palacete del Embarcadero, en el Paseo de Pereda, un edificio que a día de hoy es una sala de exposiciones y del que algún día hablaré porque mira que le llevo hechas fotos. En primer plano uno de los barcos que van a Pedreña o la playa de Somo en la orilla de enfrente y al fondo ese catamarán blanco es el que hace el recorrido por la ría.

El sol estaba justo detrás mía, no muy alto y veía edificios, playas y otras historias desde un ángulo que no suelo ver habitualmente así que como era de esperar me puse morado a sacar fotos. Esta es la sede del Club Náutico, en Puerto Chico.

Esta la playa de los Peligros. Desconozco el motivo de ese nombre porque parecer, no parece muy peligrosa, queda bastante recogida y al abrigo del mar. Está muy cerquita del centro de la ciudad así que ya véis cómo se pone en cuanto pica el sol un poco.

El imponente palacio de la Magdalena, con su parque y jardines delante. Ahí precisamente es donde están colocadas todas esas figuras a base de árboles tallados que han ido pasando por aquí. Un lugar perfecto para darse una vuelta, tomar el aire y estirar las piernas. Procurad no estirarlas mucho no vaya a ser que no os sirvan los pantalones, que cambiar de talla o crecer de golpe es un desastre financiero por toda la ropa que toca renovar.

La Isla de Mouro, más cerquita imposible, con su faro y su barquito de colores delante para rematar la foto. Viendo tantos azules casi me dan ganas de hacer un póster con ella, y no es pasión de padre.

Mucho me llamó la atención una enorme piedra en la parte trasera de la isla. No hubo suerte, no se cayó al mar justo cuando pasábamos nosotros así que no pudimos retratar ese momento histórico. Que conste que por ganas de bajarse a empujar no sería.

Este pedazo barco estaba a la espera de entrar a uno de los astilleros de la ría para reparaciones. Unos días más tarde lo vi en puerto y cómo lo fueron pintando. En una semanita le quitaron ese aspecto de chatarra para dejarlo limpito y reluciente como nuevo.

Pasado Cabo Mayor el barco fue virando a babor, estribor o como se llame el lado derecho, que siempre me confundo. Pasamos delante de la playa de Somo, bastante concurrida de modo que milagrosamente hasta parece una playa, no como en invierno que parece un desierto. Aluciné en mi última visita porque tardé cinco minutos para encontrar aparcamiento, cuando fuera de julio y agosto somos cuatro coches en todo el pueblo.

Aquí la gente en las dunas al final de la playa. Si os fijáis hay una especie de abertura y se ve una lancha en la parte de atrás. Visto con Google Maps, Somo es una enorme península. La playa que da a la ría es la de El Puntal y hay otra casi igual de grande por la parte trasera con tres o cuatro chiringuitos donde comer, que eso ya es más interesante.

Unos que paseaban felices y contentos en su catamarán pequeñito, un modelo de barco en el que me gustaría hacer un curso porque creo que corren un montón, hay que descolgarse por los lados y a mi esas cosas siempre me atrajeron cantidad.

Para finalizar, llegada el punto desde el que salimos pasando por delante del antiguo parking de embarque para el ferry a Gran Bretaña (el recinto cerrado por las vallas blancas). Ahí mismo es donde han decidido colocar el Centro Botín del que hablaremos otro día con sus fotos correspondientes, un centro de arte de más o menos dos pisos que será muy bonito pero se va a zampar las vistas a la bahía. A mi me va sonando a cierto plan llamado “Abrir Vigo al mar”, nunca vimos menos mar que desde que lo abrieron.

Evidentemente todo lo que sea montar un Centro de Arte me parece bien, ahora que la ubicación ya la podían haber desplazado un poquito para que molestara menos. Claro que ahí está justo enfrente de la sede central del Banco de Santander que va a ser quien lo pague todo y ya se sabe que el que pone la pasta, manda…

Pescando en la ría de Astillero

Mencionaba en aquella entrada sobre la ría bicolor cómo las orillas del río que desemboca en la ría de Santander estaban llenas de un lodo color ocre. Pues bien, hoy vamos a matar dos pájaros de un tiro, siempre en sentido figurado, que yo sería totalmente incapaz de matar cualquier animalillo excepto las gaviotas que se cagan en mi coche recién lavado, en cuyo caso dame un lanzallamas y apártate que salpico. En fin, reanudando el hilo de la cuestión inicial, paso primero a presentaros una estatua situada en un muelle de El Astillero, el monumento al pescador. Supongo que pescaría por telekinesis moviendo los peces del agua a la cesta, porque lo que es caña, arpón, sedal, anzuelo u otro artilugio de los que suelen usar los pescadores ni se ven, ni se les esperan. Es más, si me enseñas esta foto te diría que es un paisano que se fue de picnic al muelle y tiene en la mano un botellín de cerveza, pero de todos es sabido que en lo que al espíritu artístico se refiere, yo soy un menos cero a la izquierda.

Pasando al otro asunto, se puede ver la ingente cantidad de limo, cieno, barrillo o lo que sea que se acumula en el lateral.

Al proceder la foto de un día nublado no se ve su color real, de modo que buscamos en el archivo fotográfico una en día soleado y voilá, aquí la tenemos. Si es casi color naranja. Por cierto, eso que se ve ahí delante es medio monopatín, se ve que el usuario no sabía si tirarlo al mar o no y optó por jugárselo al 50%, tiro la mitad y la otra mitad me la llevo para casa.

Y para finalizar, mostrar una costumbre intemporal e independiente de la situación geográfica. ¿Qué me sobra un neumático? Al agua, patos, que la subida de la marea se encargará de borrar las huellas del crimen.

La ría bicolor

La ría de Santander es ría porque desemboca un río (gran verdad de perogrullo), cuyas orillas están llenas de un lodo color ocre. Con esto de la lluvia, las tormentas y el oleaje, normalmente el mar aparece revuelto y toma ese color marroncito. Aquí podéis verlo, se nota sobre todo al fondo.

Uno de estos días me quedé alucinado porque la ría estaba bicolor, pero no mezclada, sino dos zonas totalmente separadas cada una de un color distinto. O lo que es lo mismo, ésto:

Fijaros bien, una especie de “lengua” central color verde azulada y por los lados marrón chocolate que no se mezclaban entre si. Todo un espectáculo.

Ni idea de cuál será la causa de este fenómeno, si alguien lo sabe se agradecen explicaciones.

Peleando contra el temporal

La semana pasada tuvimos temporal que pude contemplar desde la península de la Magdalena. Cuando ya me estaba retirando vi un barco saliendo tranquilamente por la ría camino de mar abierto.

En previsión de que aquello iba a ser un festival me volví corriendo hasta un alto donde tomar unas cuantas fotos más y menudo acierto, porque el trozo de ría que queda resguardado del Cantábrico estaba muy tranquilito, la mar llana, olas suaves y sin problemas para navegar, pero fue asomar a mar abierto y hay que ver cómo cambia el cuento.

Conforme iba recibiendo los embates de las olas, el barco subía, bajaba, se hundía, reaparecía y nos daba un magnífico espectáculo a todos los que estábamos viéndolo.

Para más, en vez de enfilar directamente a las olas que es lo que haríamos los que somos brutos y no sabemos, salió paralelo a la costa con lo que se hartó a recibir enormes olas de costado. A estas alturas de la vida supongo que nadie de la tripulación se mareará, porque con ese movimiento es como para echar fuera hasta la primera papilla.