Cerquita de la playa de Merón nos acercamos hasta un espigón a dar una vuelta pero su puñetera madre, que no habÃa quien caminara por encima. En vez de estar cementado, embaldosado o cualquier-ado que dejase la parte superior plana, se habÃa quedado “en bruto” con unos pedazo piedros que a cada paso se te iba el tobillo para un lado diferente.

Cuatro pasos y aquello no me gustaba nada. Mis perros me miraban con cara de ¿y nosotros no nos podemos quedar aquÃ, que no nos apetece volver cojos a casa? Pues mira, no. Cambio de planes, a la playa todos y a caminar por la arena, que siempre será más agradecido que un esguince gratis.

Por cierto, aunque oficialmente no se deberÃa, aún éramos unos cuántos paseando con los perros tranquilamente por la orilla. Todos con su correa, ninguno suelto, ninguna caca abandonada en la arena, pena que no se pueda hacer lo mismo todo el año porque a los chuchetes les encanta.
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El espigón rompe tobillos
Duna + temporal = esto
Esta es la playa de Rin, en Noja. El dÃa que pasamos por allà era el primer dÃa de sol tras unas jornadas de temporal marÃtimo-terrestre-aéreo y la posibilidad de ver el sol a la par que disfrutar del aire libre y de unas buenas vistas se agradeció cantidad. A eso de las dos de la tarde se acabó lo que se daba y volvió la lluvia en formato diluvio universal, pero el gustazo de ese ratito de fotosÃntesis no hubo quien nos lo quitara.

Nunca habÃa visitado esta playa, que viene siendo una playa como todas las demás, con su mar, su arena y sus pequeñas dunas al lado de la carretera. Y de ahà precisamente parte el problema. Si a esa duna la sometes a un proceso de mareas vivas, lluvia abudante, viento desenfrenado y sabe dios cuántos fenómenos meteorológicos más, la duna se desplaza aunque no por propia voluntad y acaba invadiendo la carretera como se puede ver en esta foto…

…y en esta otra. De no ser por el paso de los coches, probablemente estarÃa toda la calzada cubierta de arena.

Pero más espectacular resultaba unos metros más allá. Fijaros la altura de la arena, me da la impresión como si la hubieran apilado con alguna máquina para despejar la carretera, lástima no haber venido justo en medio del mal tiempo porque seguro que las fotos hubieran sido aún más llamativas con la arena intentando comerse el muro de la derecha (no lo vi pero me lo imagino).

Son las cosas de un invierno de temporales que llevan a cosas como tener que proteger los aseos que hay en la playa de TrengandÃn, allà al lado. Mira que están lejos de la orilla del mar pero con las mareas vivas tremendamente altas que se han visto, cualquier precaución es poca.

La buena obra de 2012
Hay que ver qué cosas mas curiosas me pasan a veces. Aprovechando un mÃnimo resquicio en el temporal de frÃo y un agujerito en las nubes, me llevo los perros a pasear por la playa mas cercana a mi casa. Es una playa muy plana, cuando baja la marea podemos caminar muchos, pero muchos metros. Normalmente todo esto que se ve está cubierto de agua.

Al bajar la marea ya véis que se forman charcos que finalmente se secan. Uno de los perros se acercó a algo que de pronto empezó a patalear. Mas bien aletear, porque era un pescado con forma de lenguado, rodaballo pequeño o sabe dios qué. Sardina no era, eso seguro, y para dar fe de ello como siempre ponemos la foto del animalito. Esta es la parte de abajo, por arriba era más oscurito y de tamaño, algo asà como una cuarta y media de largo.

Mi perro, asombradÃsimo al ver una cosa plana en la arena pegando saltos. Yo, asombradÃsimo preguntándome qué hacÃa aquel bicho en medio de la arena, me imagino que se quedó atascado en una charca y al secarse ésta se vio perdido, boqueando sobre la arena. DebÃa tener buen aguante porque hacÃa un buen rato que la marea habÃa bajado y seguÃa vivo. Lo cogà con cuidadito, lo acerqué a la orilla y lo metà en el agua. En principio parecÃa no reaccionar, asà que lo empujé un poquito y espabiló, con un par de movimientos de cola se fue hacia el fondo y nadando se alejó. Mira tú qué bien. Ojalá nos volvamos a encontrar, yo en un restaurante y él en mi plato. Lo sé, soy un insensible, pero ¿qué culpa tengo de que estén tan buenos a la plancha?
Futboleando
Que esta gente está hecha de otra pasta diferente a la mÃa lo tengo cada dÃa más claro. Tras varios dÃas de lluvia fina y cielos grises, este domingo tuvimos una tregua y nos acercamos a la playa. Sol, nubes y un viento frÃo que congelaba las ideas, asà que fuimos vestiditos más o menos como para conquistar el polo sur. Una vez allà vemos a lo lejos un tropel de gente yendo y viniendo. Leches, ¿y eso qué es? Allá vamos…

Ni más ni menos que un partido de fútbol en la arena. Un montón de valientes corre que te corre detrás del balón inasequibles al desaliento e impertérritos ante la corriente de aire congelada.

Me imagino que quien peor lo pasarÃa es el portero, paradito a la espera de jugadas en su área. Aproveché también para retratarlo porque entre la arena, el cielo y las nubes se notaba que la foto cuanto menos iba a ser bien colorida, y eso que la saqué con un móvil cuya cámara es de todo menos buena.

Iba yo pensando lo calurosos que son estos cántabros cuando a lo lejos veo salir del agua una chica en bikini. Casi se me caen los ojos al suelo, eso sà que es valor y el resto que se aparte…
Los números no son infinitos
En matemáticas se cumplirá que los números son infinitos, pero en cuestiones telefónicas os puedo asegurar que no. Uno, en su tierna inocencia, suponÃa que cuando le pides una lÃnea a Telefónica te asignaban un número nuevo sin uso previo. Pues no. Ya en Tomiño pude comprobarlo, nos adjudicaron uno que anteriormente habÃa pertenecido a una carnicerÃa y el dueño era un pufero. VolvÃas a casa y lo mismo te encontrabas un mensaje en el contestador con un pedido de no sé cuántos kilos de churrasco y chorizos criollos para el fin de semana que otro de un banco pidiendo que contactaras con ellos urgentemente o, en su defecto, les pagasen no sé cuántas cuotas pendientes.
Al venirnos aquà cambiamos de número, ya que de una a otra provincia no los mantienen. Tras toda la aventura del alta, unos dÃas después cae el primer mensaje de los de Orange pidiéndole a un tal Diego que les pague la factura del teléfono móvil. Pues sà que vamos bien…
A todo esto, ¿y para este asunto qué foto puedo poner? De teléfonos no tengo ninguna, un poste telefónico tampoco, pues mira, os cae una de mi perrita jugando en la playa. Cada vez que la suelto busca una piedra, se pone a escarbar alrededor, a izquierda, a derecha, fijaros cómo acaba la arena. Como se entretiene y me sale gratis, yo feliz.

Tobogán a la playa
Mientras dábamos un paseo alrededor de la penÃnsula de la Magdalena para ir a ver el Faro de la Cerda (palabrita que se llama asÃ), al llegar a la playa de la Magdalena esto es lo que se apareció delante de mis ojos: un pedazo tobogán que te manda del paseo a la arena.

Menudo invento, estas cosas no las habÃa cuando yo era pequeño… ganas de tirarme no me faltaron, pero bueno, iba paseando mi perra y ella me dijo que ni loca se tiraba con lo cual me tocó quedarme con las ganas. La vida es asÃ.


¡¡¡Ya semos modernos!!!